Para la empresaria Silvina Moschini, la categoría unicornio solo significa que una empresa trabaja bien

La pandemia de coronavirus supuso una oportunidad de oro para las compañías tecnológicas: la inyección extra de capital en el mercado y la aceleración de las transformaciones digitales permitió que numerosas startups superaran en el último año la barrera de los US$ 1.000 millones, convirtiéndose así en “unicornios”, dice la empresaria argentina Silvina Moschini.

Ahora bien, todo ese afán de crecimiento derivó en una cierta “masificación” de este tipo de empresas en el ámbito global, según considera Moschini, que el año pasado se convirtió en la primera mujer latinoamericana en presidir una empresa unicornio, Transparent Business, con un valor de mercado de más de US$ 1.000 millones.

Los ‘unicornios’ no son lo que eran antes. Ahora hay unos 820, a comienzos de 2022 vas a tener más de 1.000 (…). Para mí, no hay que creérsela“, asegura Moschini, quien también es la productora ejecutiva de The Unicorn Hunters, el programa de Amazon Prime en donde emprendedores buscan inversiones para sus startups y que tiene al cofundador de Apple, Steve Wozniak, entre su panel de inversionistas.

Según Moschini, fundadora de Transparent Business -empresa de software de gestión de equipos remotos- y SheWorks -plataforma de contratación online para mujeres-, la categoría de ‘unicornio’ no debe considerarse como un “fin” en sí mismo, sino como una “señal” del mercado de que haces las cosas “lo suficientemente bien”.

“Esto es parte del trabajo, este no es el fin. El fin es generarle valor a tus inversores, a tu equipo, a tus clientes y a todo lo que aportaron para que todos puedan salir con dinero y con una solución que haga la vida de la gente mucho mejor“, subraya la emprendedora.

Compañías grandes que den un buen retorno, punto. Eso es lo único que vale“, agrega Moschini, cuya empresa matriz tiene ahora valoración aproximada de US$ 3.200 millones.

En cualquier caso, la empresaria reconoce que el camino hacia ese punto de inflexión no es ni mucho menos sencillo, especialmente para las mujeres: sólo un 2% de todo el capital de riesgo del mundo va a parar a mujeres emprendedoras, un porcentaje que retrocede hasta el 0,4 % en el caso de las latinoamericanas.

“Para las mujeres es infinitamente más difícil, porque a priori no te creen y la mujer está programada culturalmente para que te vean, pero no para que te oigan“, considera Moschini, para quien la única diferencia entre un buen o un mal emprendedor es la capacidad de comunicar su idea “de manera contundente”.