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Negocios

Las AgTech en el Perú se adaptan a nueva “normalidad” de los agronegocios

La pandemia por la covid-19 marcó un antes y un después en la innovación de estos negocios que usan de manera intensiva la tecnología.

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Las startups especializadas en el desarrollo de soluciones tecnológicas para el campo en el Perú parecen haber leído sin demora la demanda del mercado en pandemia. En efecto, pese a ser uno de los ecosistemas en su tipo más pequeños de la región (sumaban apenas 13 de un total de 457 a mediados de julio de 2019, según el Banco Interamericano de Desarrollo), el escenario para ellas cambió con la pandemia. 

Las medidas de bioseguridad (como el distanciamiento social para evitar contagios) y las reglas de juego establecidas por el nuevo régimen laboral agrario (incremento del jornal y cargas tributarias, entre otras) empujaron sin más la digitalización y la innovación de las operaciones de los fundos medianos y grandes. Además, hicieron tangible dicha necesidad en los pequeños. 

“Ha abierto oportunidades para automatizar los ciclos de procesos productivos”, sintetiza Alejandro Bernaola, gerente de alianzas de la incubadora y aceleradora de Agtech y FoodTech ACM Venture. 

Guillermo Vivanco, gerente y cofundador de SpaceAg, desarrolladora de Big Data y Analítica en cultivos de especialidad a partir de la recolección de información de datos con satélites y drones, coincide con Bernaola. Explica que dicha ventana se abrió ante la necesidad de visibilizar la trazabilidad y gestión eficiente de la mano de obra y los productos.  

SpaceAg proyecta factura US$1 millón este año. En la foto (izq.a der.), sus fundadores Cesar Urrutia y Guillermo de Vivanco.

Creatividad en el rubro

En ese contexto, entre marzo y abril del año pasado, la firma de Vivanco lanzó un aplicativo para reemplazar el cuaderno de campo (volcado tradicionalmente a archivos Excel) y facilitar el trabajo remoto. La app cuenta hoy con 400 evaluadores usuarios. Además, comenzaron a ofrecer servicios de captura de datos para las diferentes etapas fenológicas de los cultivos y están invirtiendo en la creación de una empresa de renting y leasing de drones. “La covid-19 aceleró procesos que ya venían madurando, porque te da menos margen de error para poder tomar decisiones”, concluye Vivanco.  

Yapu advirtió el potencial en la trazabilidad de la salud de los trabajadores en los fundos de las empresas agroindustriales. En la foto, Juan Carranza, su CEO.

Yapu Solutions, la startup que nació en el seno del grupo Rocío en el 2018 con Agritracer, un software de análisis y gestión de la trazabilidad, a través de la captura de datos de sensores y celulares, el año pasado creó WCare. Esta solución, dirigida a la industria en general, ofrece datos sobre el traslado y rastreo de la mano de obra, posibles casos y casos positivos de covid-19 y programación para la entrega de equipos de protección personal. Con ese visión, el año pasado lograron expandir su operación en la región Ica al resto de la costa peruana y empezar a internacionalizarse en México y Chile este año, informa su CEO y cofundador, Juan Carranza.

Por su parte, en materia logística, Savia Espárrago salió al mercado con un suero fisiológico capaz de extender la vida postcosecha de la hortaliza hasta 15 días y viabilizar el envío por barco, explica Gastón García, creador y hoy jefe de tecnología de la firma. Así, lograron hacerle frente a un antiguo problema que asedia a la hortaliza y que se agudizó en tiempos de pandemia, en la que la disponibilidad y los precios de envíos por avión (medio tradicionalmente empleado hasta ahora para llegar a Estados Unidos o Europa), se volvieron inciertos y volátiles. Mientras por avión el kilo varía entre US$1 y US$5, por barco va de US$0,5 y US$0,8, compara García. “Le aseguramos un precio más constante al exportador y los espárragos llegan con una calidad similar al envío aéreo”, añade. 

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Las startups mencionadas vieron crecer su negocio en el 2020. El año pasado, SpaceAg duplicó su facturación respecto a 2019. Según Vivanco, este año la firma proyecta volver a duplicar sus ventas respecto a 2020 – proyectan facturar US$1 millón – y expandirse a Estados Unidos y Europa.  Yapu, por su lado, facturó US$1 millón el año pasado, con un Ebidta de entre 40% y 45%, y consolidó su equipo con 25 personas (eran 4 cuando empezaron), precisa Carranza. En tanto, las ventas de Savia Espárrago se triplicaron, con 7 clientes, pasando de 50.000 cajas exportadas en el 2019 a casi 400.000 el año pasado. “Estamos con el 0,01% del total (de los envíos de espárragos del Perú). Nos queda mucho mercado por crecer”, confía García y revela que planean aterrizar en México, España, Italia y Alemania este año.

Agros prevé crear unas 20 mil identidades digitales de pequeños agricultores para hacerlos más confiables para el sistema financiero. En la foto, Robinson López, su CEO.

Sinergias con pequeños productores

La pandemia también puso a prueba a los pequeños agricultores, quienes trabajan menos de 5 hectáreas y son la mayoría de los productores del país. Sin embargo, la dura coyuntura también ha impulsado oportunidades para la relación entre ellos y los actores del ecosistema peruano de AgTech. 

La falta de acceso de información, una de las grandes limitaciones de los pequeños productores, fue abordada por ACM Ventures. Esta aceleradora, junto a Ruraysy Consultores y al Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego, creó “Pedro el datero”, una startup que brinda un servicio de información y capacitación a los agricultores de Cusco a través de su página web, redes sociales y teléfonos. “Pedro el datero”, que apunta en el futuro a trabajar con productores de otras regiones del país, tiene 15.000 usuarios registrados.

Agros (ex Sinergia Tech) se plantó frente otro problema: la falta de confianza en el pequeño productor por parte del sistema financiero. ¿Qué hicieron? Crearon identidades digitales para los 500 agricultores a los que ofrecían servicios de teleagronomía, explica Robinson López, su CEO y cofundador. Para ello, recolectaron información dispersa sobre el productor, desde pagos por los servicios de agua, afiliación a cooperativas hasta certificados de capacitaciones y de la autoridad sanitaria nacional, que el agricultor podría exhibir mediante un código QR y hacer negocios. El modelo fue testeado con éxito el año pasado, con préstamos de un fondo de inversión estadounidense. Este tuvo un repago del 100%, informa López.  

A la fecha, Agros ha creado identidades digitales para 3.000 productores de mango y banano de Piura y este año prevé alcanzar a 20.000, sumando las cadenas de café y cacao en San Martín y Cajamarca. Además, está testeando el modelo en Etiopía, en alianza con una ONG local. En tanto, las ventas de Agros crecen entre 7% y 8% por mes, apalancadas por proveedores que pagan un fee para poder acceder al agricultor y así reducen riesgos y los costos operativos que supone ir a campo, apunta López. “Nos dimos cuenta que el mercado podía incluir a más 500 millones de agricultores (de zonas rurales) del mundo”, resalta. Bien mirado, parece que López no es el único en carrera con ese horizonte como foco. Sin duda, el sector agrícola tiene todavía un espacio amplio para incorporar tecnología e innovación. 

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