El modelo de negocios funciona de una forma poco habitual: como una especie de "curador científico" que identifica tendencias globales en Europa, Estados Unidos y Corea para traerlas al mercado chileno antes de que se masifiquen en Latinoamérica. Entre las categorías que trabaja están longevidad, bienestar celular, antioxidantes, neurocosmética y estética no invasiva.
Ingeniera y doctora en química por la École des Mines de Saint-Étienne, la brasileña Iolanda Moreira tiene su negocio radicado en Chile. Aunque su investigación inició sobre nanopartículas aplicadas al cáncer, su arraigo con Chile por razones personales —se casó con un chileno— la trajo hace 14 años al país, donde comenzó a trabajar en la industria farmacéutica.
Pero en 2021 decidió que era momento de migrar a una industria que siempre le llamó la atención: la dermocosmética. El mercado local tenía profesionales de la salud y consumidores muy exigentes, que buscaban en los productos evidencia real y no solo marketing. Entonces se le ocurrió que podría acercar la innovación científica testeada en otros países.
Lo primero fue apelar a su pasado francés. Con un capital inicial de US$ 20 mil, y ya interesada por la belleza y la dermatología, participó en varios congresos médicos donde se hablaba de suplementos a base de una mezcla superóxido dismutasa (SOD) extraída de un tipo de melón, gliadina de trigo, zinc y selenio. Entonces se acercó a Isocell Laboratories, la firma creada por el francés François Vix, y los convenció de representar en Chile a Glisodin, un antioxidante que ganó fama en Japón y fue estudiado en varios análisis científicos.

Uno de ellos, publicado por el Multidisciplinary Digital Publishing Institute de Suiza, analizó el desempeño de deportistas de alto rendimiento y concluyó que este antioxidante puede proteger a los atletas del daño muscular y disminuir la inflamación causada por la actividad física intensa, entre otros efectos.
Era 2022 y Glisodin era la única marca en el portafolio de Pronaturae, nombre con el que la brasileña bautizó esta compañía. El crecimiento fue “curado”, como le gusta decir a Moreira, y sumaron exosomas, protección solar, tratamientos para pieles sensibles e infusiones asiáticas.
El modelo de negocios funciona de una forma poco habitual: como una especie de “curador científico” que identifica tendencias globales en Europa, Estados Unidos y Corea para traerlas al mercado chileno antes de que se masifiquen en Latinoamérica. Entre las categorías que trabaja están longevidad, bienestar celular, antioxidantes, neurocosmética y estética no invasiva.
Actualmente Moreira lidera Pronaturae como fundadora y directora ejecutiva, con ganancias cercanas a US$ 1,7 millones anuales.
Maquila made in Chile
Ya con un portafolio definido, Moreira quiere apuntar a algo que no había hecho antes: producir en Chile. Contrariamente a lo que podría creerse, asegura que maquilar en el país resulta incluso más económico que certificar e importar este tipo de productos desde el extranjero. El primer producto mezclará antioxidantes con derivados de la vitamina B3, conocida como niacina, clave en la composición de coenzimas esenciales para el metabolismo celular.
“Esta nueva apuesta que estamos haciendo de hacer una maquila en Chile apunta a tener un producto más asequible, justamente porque también identificamos que el futuro es permitir un acceso bastante más universal a la suplementación y a las tecnologías de alto nivel de evidencia clínica en el mundo”, asegura la profesional. El proceso en Chile se realizará con empresas certificadas por la FDA.
La hormona del amor
Más oxitocina y menos cortisol: es una recomendación de salud que se ha comenzado a masificar. El estrés produce cortisol, mientras que la oxitocina es conocida como la hormona del amor, de la calma, de la felicidad. Es clave en el nacimiento humano, pues facilita las contracciones y ayuda a mitigar la percepción del dolor físico del momento.
Por eso Moreira optó por sumar a su portafolio un suplemento desarrollado en Estados Unidos que analiza cómo la piel puede beneficiarse de la estabilidad emocional. Se trata de una línea basada en investigaciones sobre el llamado “skin-brain axis” o eje piel-cerebro, un campo científico que estudia cómo la piel y el sistema nervioso se relacionan entre sí. Son productos elaborados con tecnología patentada que actúa sobre receptores de oxitocina presentes en la piel.
Según explica, el fenómeno refleja un cambio profundo en el consumo de belleza y wellness: “Hoy las personas ya no buscan solamente verse mejor, sino también sentirse mejor. Existe una conexión cada vez más fuerte entre bienestar emocional, longevidad y cuidado”, añade la empresaria.
Además del auge de la neurocosmética, la científica identifica nuevas tendencias dentro de la industria: menopausia, healthy aging, bienestar hormonal, antioxidantes internos y tratamientos no invasivos enfocados en el “quiet beauty” o belleza silenciosa, una estética más natural y preventiva.
