La obra de la artista se mueve entre la impresión, relatos poéticos y la imagen. Toca la fragilidad de la memoria, lo efímero y las experiencias personales. En 2020, fue galardonada por la ZAZ Gallery y expuso su trabajo en New York.

“Solíamos ser muchas cosas, las cuales ya no reconocemos. Solíamos ser un mundo que ya no queremos habitar”. Eso lo escribió la artista y diseñadora gráfica chilena, Valentina Améstica, cuando regresaba a New York tras pasar una temporada en Santiago, luego de emigrar. Esa frase y esa experiencia luego de volver a su ciudad natal, la llevaron -sin pensarlo- a construir su obra “Relatos Pasajeros”, que fue exhibida desde el 28 de agosto al 15 de septiembre por Citylab en el Centro GAM de Santiago.

La obra fue compuesta por elementos gráficos concebidos para el descarte o para estar vigentes por determinado tiempo como tickets de medios de transporte, tarjetas, fotografías, postales, estampillas, diapositivas y otros objetos derivados de diferentes métodos de impresión; recolectados en viajes, mercados y estantes con ventas de segunda mano. “Aparecidos en mi cotidianidad sin necesariamente buscarlos”, según la chilena que vive en New York desde hace tres años y fue seleccionada en 2024 como artista residente por el Center For Book Arts (NY), así como galardonada por la ZAZ Gallery. Sus obras llegaron a estar en el Times Square.

Sus primeros estímulos en el mundo del arte estuvieron alentados por su mamá y sus abuelos, que eran profesores de una escuela rural y tenían mucho material de colegio. “Ahí empezó este imaginario de los libros, a mí me encanta leer, había muchos en casa de mis abuelos y empezaba a descubrir los cajones que tenían en sus casas, con tesoros para mí”, dice Améstica en entrevista con Forbes.

La artista estudió diseño gráfico y fue a Londres a hacer una pequeña especialización. Allí descubrió que quería salir de Chile. “Allá no sentía tanta libertad de experimentación. En Londres me ligué al arte gráfico y a técnicas experimentales de impresión y empecé a tener fascinación por el impreso en desuso que me recordaban a los cajones de mis abuelos. Ahí estaba la magia. Si bien Chile es mi imaginario y lo que conozco, el lugar donde necesitaba instalarme, sentía que tenía que ser otro”, relata.

Tras la pandemia, Améstica aplicó a una visa de talento en Estados Unidos y llegó a New York. Allí empezó a hacer otros oficios para establecerse, y de a poco logró entrar al mundo del arte y diseño.

¿En qué te inspiras? ¿qué te mueve como artista?

Siempre ando con una libreta pequeñita y ahí están composiciones y me la paso escribiendo. Me inspiran los imaginarios visuales de la gente. Soy del tipo de persona que pregunta cómo era tu casa y dónde vivías. Me gusta imaginarme esas cosas. Me inspira también el día a día. Creo que el arte está en la cotidianidad, en cómo creciste, en lo que te envuelve. Las historias de las personas: sus problemas y su felicidad, esas son las cosas que más se me quedan.

Y también me inspiro en artistas: Mauricio Amster, que hacía composiciones análogas y era diseñador de libros, revistas; la artista americana Alison Knowles; Sophie Calle, artista francesa; la escritora Nona Fernández; la fotógrafa Vivian Maier; y mi escritor favorito Fernando Pessoa, portugués que escribió con seudónimo y su obra fue descubierta cuando murió.

¿Cómo ves a la mujer en el arte actualmente?

Si bien como mujeres es muy difícil todavía, siempre me he sentido muy empoderada por ser mujer. Mi mamá es una mujer muy ‘power’ y mi hermana y yo tuvimos una crianza en la que teníamos que ser muy independientes. Cuando me empecé a dedicar a esto, me di cuenta que no todas mis compañeras eran así por las distintas realidades.

Hay una sororidad mayor de ayudarnos y protegernos. Me inspiran las mujeres y me nutro de sus historias.

¿Crees que en Chile hubiese sido más difícil sobresalir como artista que en el exterior?

No quiero ser drástica y decir que en Chile no tendría las mismas oportunidades, pero creo que no. Para mí es tan importante nutrirme en el día a día de las personas que conozco, que sé que acá no habría conocido esa variedad de personas. No sé si Chile es un país que abraza tanto la migración. En Nueva York todo el mundo es válido, que vengan de todas partes, da lo mismo, y lo veo como algo positivo, distintas historias, distintas realidades.

Chile es un país muy segregado y limita mucho. La gente de plata vive en determinado sector y la gente que no tiene, en otro sector, y hay muchas diferencias.

¿Se puede vivir del arte?

Con el diseño gráfico pago las cuentas y el arte es mi pasión, así que sí, creo que he logrado vivir del arte. A mí me encanta lo que hago, siento que no podría hacer otra cosa y la perseverancia ha sido mi motor.

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