El hito de realizar una sesión de fotos a más de 40 metros de profundidad en Las Bahamas fue uno de los cuatro logros chilenos incluidos en la edición más reciente del libro “Guinness World Records”. Detrás de esa hazaña está la historia de una mujer que hizo del atrevimiento una forma de vida.
Pía Oyarzún tuvo que superar dos miedos para hacer lo que ama: el miedo a las profundidades del mar y a los tiburones, y el de atreverse. Estudió Periodismo y comenzó a ejercer en Santiago, pero no quería vivir allí, así que buscó el lugar que más se asemejara a una vida tropical en Chile y llamó durante tres meses seguidos para postular a un trabajo en Rapa Nui. Su insistencia le jugó a favor. Lo consiguió.
No estudió fotografía, pero desde pequeña estuvo relacionada con el oficio. A su papá le gustaba tomar fotos y le regalaron una máquina para revelar que instaló en su casa. Cuando se mudó a Rapa Nui, el buceo y la fotografía se unieron, lo cual le permitió dejar el periodismo y dedicarse a lo que realmente quería.
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“Fui a hacer mi práctica profesional a Rapa Nui, no tenía ni uno, y quise hacer un reportaje de deportes extremos allá para poder surfear gratis. Luego hice el curso de buceo, que me costó un montón porque le tenía miedo al mar y terror a los tiburones, pero aprendí y terminé convirtiéndome en instructora. Una vez que buceé con los tiburones y los entendí, los amé y hoy son el corazón de mi empresa”, cuenta.
Al poco tiempo se mudó a Fernando de Noronha, en la costa noreste de Brasil, y volvió a encontrarse con la fotografía. Así surgió su empresa de fotografía submarina, Made in Water, “de las ganas de crear una marca que represente la conexión de la mujer con el mar. Siempre en mi vida me sentí perdida, no sabía lo que quería hacer, y el mar me dio un trabajo, una empresa, un nombre y un poder. El mar me hizo quien soy”, relata.
Y precisamente el mar la llevó a ser incluida en la edición más reciente del Récord Guinness por su sesión de fotos a más de 40 metros de profundidad en las Bahamas, realizada en 2023 junto a Kim Bruneau.
“Ella era una de mis clientes y venía muy frustrada porque sus tratamientos de fertilidad no funcionaban. Trabajamos juntas y un día me contó que por fin estaba embarazada y que sentía que el mar la había ayudado. Hicimos una sesión de fotos también de su embarazo y me propuso que hiciéramos este récord para consagrar nuestra amistad. Me encantó la idea porque me ha costado abrirme camino en el mundo del buceo como mujer, sobre todo cuando abrí mi propia empresa. Lograr el récord a mayor profundidad era un buen hito para resaltar el buen trabajo de dos mujeres poderosas y su conexión con el mar”, detalla la fotógrafa.
Para Pía, más allá del reconocimiento, se trata de la confianza que ha ganado para poder vivir de lo que ama. Aquello que más temor le daba —el mar y los tiburones— se transformó en su inspiración para enseñar y ayudar a otros a perder el miedo. Eso es lo que la inspira.

