Los chilenos Alejandro Matamala-Ortiz y Cristóbal Valenzuela, y el griego Anastasis Germanidis, están detrás de la plataforma que ya supera los 5.300 millones de dólares de valorización y trabaja con Lionsgate. Con su nuevo modelo, la compañía abre una etapa que cruza el cine, gaming, educación, robótica y hasta la ciencia.

Los visuales de la gira de Madonna en 2024. Una escena de dos minutos y quince segundos en la que dos piedras conversan —vía subtítulos— en TODO EN TODAS PARTES AL MISMO TIEMPO, ganadora del Óscar a mejor película en 2023. Y un comercial televisivo de Under Armour construido íntegramente con inteligencia artificial. Para Alejandro Matamala-Ortiz, esas credenciales no son hitos aislados, sino ejemplos del tipo de producción que hoy permite Runway, la plataforma que cofundó y que transforma texto e imágenes en video mediante IA.

Creada en 2018 por Matamala-Ortiz —nacido en Venezuela, de padres chilenos— junto al también chileno Cristóbal Valenzuela y el griego Anastasis Germanidis, la empresa ha levantado US$ 860 millones y ha alcanzado una valorización de US$ 5.300 millones con un equipo de apenas 140 personas. Una escala que sintetiza el momento que vive la industria de la inteligencia artificial.

Su tecnología ha sido catalogada entre las mejores del mercado —superando a modelos de Google y OpenAI— por la firma independiente de benchmarking Video Arena, consolidando a Runway como uno de los actores que empujan la frontera del video generativo.

“Fuimos el primer partnership entre una empresa de IA y un estudio de Hollywood: Lionsgate. También somos el partner preferido de Adobe en generación de video y trabajamos con Nvidia, Microsoft, Shutterstock y Target”, dice Matamala-Ortiz a FORBES CHILE. Nvidia, de hecho, participó como inversionista en la última ronda de US$ 315 millones liderada por General Atlantic.

El impacto ya es tangible en producción audiovisual. Runway se utilizó para crear gran parte de las escenas de la serie HOUSE OF DAVID, de Amazon Prime, centrada en la historia bíblica del rey David. Según la compañía, el uso de IA permitió ahorrar entre US$ 3 millones y US$ 5 millones por episodio al reemplazar locaciones físicas, cientos de extras, fondos y efectos especiales.

“Esto democratiza las historias, permitiendo que proyectos locales se globalicen con menos presupuesto”, afirma.

Lejos de anticipar el fin del cine tradicional, Matamala-Ortiz plantea un cambio de lenguaje. “La fotografía no mató la pintura: abrió el impresionismo y el cubismo. La IA es un nuevo medio artístico que permitirá historias interactivas donde el espectador participa, pero el cine seguirá existiendo”.

ENTRENAR CON IMÁGENES

El giro más relevante de Runway comenzó a delinearse a fines de 2025, cuando la compañía anunció su línea de investigación en General World Models: sistemas capaces de simular el mundo físico en su totalidad.

La apuesta trasciende el mundo del entretenimiento: “Queremos aplicarlos en casos interactivos en tiempo real, personajes fotorrealistas para educación o telemedicina, simulación de ambientes donde se mezclan videojuegos y cine, y finalmente robótica. Queremos posicionarnos como el cerebro de robots generalistas”, explica.

La lógica es entrenar máquinas no solo con datos, sino con simulaciones visuales del mundo. Por ejemplo: un robot que aprende a hacer café observando un video. Otro más: un sistema que internaliza gravedad, movimiento o interacción sin programación rígida.

ES EL PASO HACIA LA LLAMADA PHYSICAL AI

“Lo que viene es que los robots aprendan tareas en el momento. Investigamos cómo entrenarlos con video para que entiendan la dinámica del mundo sin algoritmos prediseñados”, agrega.

El alcance potencial abre verticales en gaming, educación, ciencia y medicina, sin abandonar el cine —la puerta de entrada que permitió a Runway instalarse en Hollywood.

TALENTO LATINO, INDUSTRIA GLOBAL

Aunque la compañía es estadounidense, su ADN sigue marcado por sus fundadores: “Estamos felices de representar a Chile. En Latinoamérica hay talento técnico y creativo increíble y nos alegra demostrar que se pueden hacer cosas grandes desde allí”, dice Matamala-Ortiz.

En un ecosistema donde la inteligencia artificial se disputa entre gigantes tecnológicos, Runway busca posicionarse como algo distinto: no solo una herramienta creativa, sino una infraestructura para simular la realidad.

Una ambición que, de concretarse, podría redefinir no solo cómo se hacen las películas, sino cómo se entrenan máquinas, se enseñan profesiones y se diseñan experiencias digitales. Hollywood fue el primer escenario. El siguiente es el mundo real.