El aniversario 12° del restaurant de Alonso de Córdova y la IV edición de la Ruta Trasandina reunió a los mejores chefs, enólogos y sommeliers de América Latina ante un selecto grupo de invitados donde también había autoridades de gobierno: la mesa estaba puesta para soñar con una política gastronómica de Estado.

Hubo brindis con don Melchor, productos de la corriente Humboldt extraídos frescos desde las piscinas del lugar y cenas colaborativas de alto vuelo. Grandes vinos de los valles chilenos y argentinos, maridaron a la perfección con las propuestas de los mejores chefs del continente. Pero lo que realmente se cocinó el jueves 7 de mayo en Vitacura fue algo de mayor impacto: una conversación sobre cómo Chile y su gastronomía puede convertirse en un motor de desarrollo turístico.

Casa Las Cujas celebró su duodécimo aniversario con la IV edición de la Ruta Trasandina, la iniciativa que los hermanos Juan Pablo, Max y Domingo Raide han convertido en uno de los encuentros gastronómicos más relevantes del continente. La edición 2026 fue, por diseño, la más ambiciosa hasta la fecha: por primera vez se sumaron referentes de Asia al elenco habitual de estrellas latinoamericanas, y el encuentro culminó con una visita a Clos Apalta, la bodega icónica del Valle de Colchagua.

El cartel habló por sí solo. Tássia Magalhães, de Nelita, elegida mejor cocinera de 2025 por Latin America’s 50 Best Restaurants; Álvaro Clavijo, de El Chato en Bogotá, número uno de América Latina según ese mismo ranking; Marsia Taha, de Arami (Bolivia); James Berckemeyer, de Cosme (Perú); Gonzalo Aramburu, Pedro Bargero, Iván Azar, Germán Sitz y Pedro Peña desde Argentina; Tomás Bermúdez desde México; y Sebastián Giménez de Ancestral, Bolivia. Maximiliano Pérez, sommelier del Faena de Buenos Aires y el mejor de América Latina, completó la dimensión vitivinícola junto a Lu Yang, primer Master Sommelier de China, y el chef Lee Jia Wei de La Bourriche 133, los invitados asiáticos que esta edición incorporó por primera vez. Desde Chile participaron Rodolfo Guzmán (Boragó), Pedro Chavarría (Demo), Camila Fiol (Dulcería Fiol) y Marcos Baeza (Fukasawa).

La reunión de semejante constelación en Santiago no fue casualidad ni mero ejercicio de convivencia gremial. “Año tras año, este encuentro reúne a grandes amigos y referentes de la gastronomía de toda la región para mostrar al mundo nuestra cultura de cooperación y poner en valor el excepcional producto de la costa chilena”, explicó Max Raide. “Nuestra visión sigue creciendo y globalizándose”, agrega

Pero la puesta en escena más reveladora no fue la de los chefs, inmejorable, por cierto. Fue aquella en que los Raide sentaron junto a esa constelación gastronómica a Álvaro Bellolio, uno de los colaboradores más cercanos del segundo piso de La Moneda junto a María Paz Lagos, subsecretaria de turismo.

Dice Raide que el sueño de quienes impulsaron el encuentro es que la gastronomía y el mundo vitivinícola sean política de Estado, en la línea de lo que fue en su momento la Comisión del Futuro que impulsó Guido Girardi por la ciencia, y que terminó siendo el Congreso del Futuro. La analogía no es gratuita: se trata de instalar un relato país que trascienda los ciclos de gobierno.

“Lo que estoy tratando de hacer es que se metan en la cabeza que tenemos que salir a mostrarle al mundo lo que tenemos. Lo mismo que hizo Perú”, explica Raide en conversación con Forbes Chile. La comparación no es casual. El empresario aproxima una cifra: cree que si Perú ha invertido cerca de cien millones de dólares en posicionar su gastronomía durante 25 años, esa apuesta que se ha traducido en miles de millones en retorno, empleos y posicionamiento de marca país. “Los peruanos se convirtieron en la capital de la gastronomía del mundo. Imagínate la cantidad de peruanos que pueden abrir restaurantes en cualquier lugar del planeta y saben que les va a ir bien. Eso es lo potente”.

ALGO QUE PERÚ NO TIENE

La tesis de Raide es sencilla: Chile tiene algo que Perú no tiene. “Perú tiene gastronomía y no tiene vino. Nosotros tenemos gastronomía y vino”. Además, suma la corriente Humboldt como ventaja competitiva irrepetible: el mismo fenómeno oceánico que baña la costa de Cachagua, donde nació Casa Las Cujas hace doce años, y que se extiende hasta la Patagonia entregando crustáceos, mariscos y pescados de una calidad y abundancia sin equivalente en el mundo. “En esa agua somos únicos, no hay nadie igual a nosotros”, dice. “Entonces esa corriente te la lleva hasta la Patagonia, y por eso que tenemos ese nivel de productos, como los crustáceos, que no hay como los nuestros”.

Casa Las Cujas llega a sus doce años en un momento de expansión deliberada. Los hermanos Raide han invertido cinco millones de dólares en el desarrollo del Barrio Patagónico —que incluye Casa Las Cujas y el restaurante Patagónico, presente ya en Cachagua y próximamente en Santiago—, y tienen en carpeta abrir ambos conceptos fuera de Chile. En diciembre pasado, el restaurante fue posicionado como el mejor de cocina de mar y mariscos de América Latina, un reconocimiento que Raide gestiona con conciencia estratégica. La siguiente pieza en el tablero es un restaurante Relais & Châteaux en su propia bodega, lo que terminaría de cerrar el círculo entre gastronomía, vino y turismo de alto valor.

“Estamos convencidos de que el futuro de la gastronomía está hoy en América Latina, impulsado por el trabajo conjunto entre talentos jóvenes y profesionales experimentados”, concluye Raide. El segundo paso, dice, es obvio: “Juntar el sector público y el sector privado. Eso va a funcionar”.

Lo que se vivió en Las Cujas la primera semana de mayo fue, en el fondo, un prototipo de lo que Raide quiere que Chile haga a escala nacional: reunir a los mejores, mostrarlos al mundo y convencer al sector público de que vale la pena financiar ese relato. El menú fue extraordinario. Pero el plato de fondo era otro. Y mejor.