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Las DAO no son una moda pasajera: son una plataforma

Estos colectivos de inversión, flexibles y poco regulados, están generando enormes ganancias

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Las DAO no son una moda pasajera: son una plataforma
El CEO de Tribute Labs, Aaron Wright, y la COO Priyanka Desai. FOTO: Jamel Toppin para Forbes

Por Jeff Kauflin e Isabel Contreras

“Esta es una movida increíblemente arriesgada. No sé si estoy de acuerdo”. Erick Calderón, fundador de una compañía llamada Art Blocks, que opera en un campo poco sensible al riesgo –los tokens no fungibles, NFT–, estaba preocupado. Era febrero de 2021 y Calderón era uno de 59 inversionistas que se habían unido para comprar un raro set de 150 NFTs de la popular colección Crypto-Punks directamente de su productor, Larva Labs.

El grupo, una organización autónoma descentralizada (DAO, por sus siglas en inglés) denominada Flamingo, recaudó US$ 10 millones y se reunía semanalmente por Zoom –solo por audio para proteger a quienes preferían el anonimato– para discutir qué hacer con el dinero. La compra de CryptoPunks, a alrededor de cuatro ether (US$ 7.200 en ese momento) por punk, se llevaría el 10% de la inversión, que es en parte la razón por la cual Calderón expresó sus preocupaciones en el chat de Discord del grupo.

La tensión se intensificó cuando los miembros descubrieron que uno de ellos –alguien con el seudónimo de Pranksy– había intentado tomar la delantera en la transacción, abriendo un canal oculto con Larva Labs para comprar 150 punks para sí mismo. Finalmente, los miembros de Flamingo votaron por los punks, que recientemente fueron valorados en US$ 30 millones. Pranksy, por su parte, dejó la DAO “por mutuo acuerdo” y le dijo a Forbes que era “algo ingenuo para el proceso de la DAO”.

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¿Qué son las DAO?

La mayoría de las personas lo son. Las DAO son colectivos sin liderazgo donde los grupos toman decisiones de inversión democráticamente, como cuando 17.000 miembros de una DAO intentaron comprar el año pasado una de las 13 copias originales existentes de la Constitución de EE.UU.

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Aaron Wright, CEO y cofundador de Tribute Labs, la creadora de Flamingo, define a una DAO como “un sub-reddit con una cuenta bancaria” y están surgiendo como un nuevo modelo de vehículo de inversión alternativo con fuerza real.

Hace un cuarto de siglo, un “club de inversión” de Illinois que funcionaba en el sótano de una iglesia, las Beardstown Ladies, generó un montón de éxitos en ventas e imitadores a medida que los grupos de selección de acciones y valores proliferaban. Las DAO han modernizado y digitalizado su concepto, incorporando muchas de las características que hacen que el blockchain sea tan potente.

Mediante el uso de tokens, las DAO pueden organizar votaciones de manera eficiente, potenciar la participación en las ganancias y, más importante aún, proporcionar liquidez, ya que los tokens se pueden comprar y vender, aunque por ahora las operaciones con tokens no sea algo regulado por la Comisión de Bolsa y Valores de EE.UU. (SEC).

Al limitar sus membresías a 100 personas o menos, algunas DAO también pueden eludir las reglas de la SEC acogiéndose a una pintoresca exención como un “club de inversión”, término con 82 años de antigüedad, siempre y cuando todos sus participantes estén involucrados en el manejo de sus fondos y no ofrezcan públicamente sus valores.

El modelo también permite que aquellos interesados en activos alternativos se involucren sin tener que superar el 20% de ganancias que los administradores de fondos de cobertura, capital de riesgo y capital privado regularmente cobran por lo que en general es un rendimiento promedio.

Organizando una DAO

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Syndicate, una empresa que elabora software para manejo de DAOs, se asoció con otra startup que permite a los inversionistas hacer todo el papeleo legal y fiscal por US$ 2.000 al año, mientras que Tribute Labs cobra el 2% anual de la inversión original de una DAO para hacer todo ese papeleo e incorporar servicios como la coordinación de llamadas grupales –no es casual que esa sea la misma comisión inicial que cobran fondos tradicionales–. La diferencia aquí es que las ganancias son todas de los participantes de las DAO.

Por ejemplo, Kinjal Shah es socio en la firma de capital de riesgo Blockchain Capital, en San Francisco, que administra US$ 1.800 millones bajo una estructura tradicional de tarifas. Sin embargo, Shah cofundó una DAO llamada Komorebi Collective, que tiene 35 mujeres inversionistas, US$ 400.000 en capital y la meta de invertir en nuevas empresas criptográficas con fundadoras mujeres y no binarias. Al crear un vehículo de inversión –apalancado en los servicios de Syndicate– que no está sobrecargado por inversionistas institucionales o altas tarifas que son un obstáculo, Shah dice que la DAO puede “tener mucha más experimentación y flexibilidad, y esos son dos términos que tienden a augurar un crecimiento exponencial.

Los primeros días de las DAO no le hicieron ningún favor al modelo. En 2016, los primeros usuarios de ethereum formaron The DAO para respaldar proyectos criptográficos, atrajeron rápidamente US$ 150 millones y luego perdieron un tercio de eso por un hacker antes de realizar una inversión. Si bien al atacante se le negó la mayor parte de su botín después de que los desarrolladores, en una decisión polémica, “bifurcaran” (relanzaran) ethereum, el daño estaba hecho: la DAO se disolvió y todas las DAO quedaron con un hedor similar al del primer marketplace de la dark web, Silk Road.

Sin embargo, el concepto se extendió gradualmente. Para 2018 se habían formado aproximadamente 10 DAO. Para 2020, había casi 200 de varios tipos, según DeepDAO.

Los incidentes continuaron, incluidos numerosos “tirones de alfombra”, que es cuando los estafadores recolectan dinero para una oferta de criptomonedas DAO y luego se fugan con el botín. El pasado mes de enero, BadgerDAO, una organización de 24.000 miembros que permite a las personas ganar intereses sobre sus bitcoins, perdió US$ 120 millones en un ataque cibernético.

Pero los sheriff están llegando ahora a este Salvaje Oeste y hoy en día más de 50 empresas ofrecen auditorías de seguridad de blockchain, según OpenZeppelin. Y la cantidad de DAOs sigue aumentando: actualmente se ubica en más de 4.000, con más de US$ 8.000 millones en sus arcas.

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Existen DAOs para varios gustos y unas que atraen más titulares que otras. Jamis Johnson, de PleasrDAO, una plataforma que tiene alrededor de US$ 100 millones en activos y una misión— según Johnson, que varía entre hacer cosas que sean “la raja” y construir “un portafolio de activos que representen la cultura de Internet”— desembolsó US$ 4 millones por el álbum Once Upon a Time in Shaolin, una obra única de Wu-Tang Clan, comprándoselo a las autoridades federales estadounidenses que se lo confiscaron a Martin Shkreli, el estafador conocido como “Pharma Bro”, recién salido de prisión.

También invirtió US$ 5,5 millones en el NFT Stay Free, acuñado por el informante fugitivo de la Agencia de Seguridad Nacional, Edward Snowden, y US$ 4 millones en un NFT de la imagen original de Doge, la mascota de la criptomoneda que Elon Musk promueve en Twitter.

Más allá de las bromas, las inversiones van en serio

La imagen de Dogecoin

Pero no hay que equivocarse. Estos inversionistas no son ignorantes o poco serios. Entre ellos figuran firmas como Andreessen Horowitz (las empresas también pueden invertir).

Por otro lado, grupos como Krause House DAO pueden hacer realidad las fantasías de aficionados quienes durante años hayan soñado con unirse para comprar sus equipos deportivos favoritos. Krause House ofrece un camino mucho más serio hacia ese improbable objetivo, incorporando a exjugadores y súper aficionados en una campaña para comprar un equipo de la NBA.

Gran parte de esta creciente legitimidad se puede atribuir a Aaron Wright, de 41 años de edad, profesor de derecho y cofundador de Tribute Labs, quien ha estado obsesionado con las DAO desde el inicio. Después de graduarse de la Facultad de Derecho Cardozo (Nueva York) en 2005, estuvo entre el emprendimiento y el derecho corporativo, incluso representando a Jay-Z en un juicio por una disputa de propiedad intelectual.

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En 2014, en busca de más libertad intelectual y mejores horarios, Wright comenzó a enseñar derecho en su alma mater y combinó sus dos carreras, fundando un consultorio jurídico para startups tecnológicas y exponiendo sobre criptografía y blockchain. En 2015 asesoró a los cofundadores de ethereum en su primera “venta colectiva” –vendieron ether por US$ 0,30 y ahora cuesta US$ 1.065– y luego ofreció sus opiniones sobre The DAO.

Wright no invirtió en The DAO, dice, porque “no estaba 100% claro en qué estaban comprando, cuál sería la estructura y si funcionaría”, y luego la SEC le dio la razón a sus preocupaciones, al concluir en un reporte que los tokens emitidos por The DAO eran valores que debían haberse registrado.

En 2017, Wright cofundó lo que se convertiría en Tribute Labs con el ingeniero de software suizo David Roon para asesorar a las empresas en cómo incorporar contratos legales en blockchain, y agregó a la nueva graduada de Cardozo, Priyanka Desai, como directora de operaciones. En esencia, vendía las herramientas para sacar provecho de estas actividades pero no pudo evitar incorporarse a ellas y pasó a ser una de las figuras clave detrás de Flamingo.

Quiénes pueden entrar en una DAO

Si bien las DAO de Tribute Labs se financian con ether y operan con blockchain con ciertas protecciones en clave escritas en su código, están organizadas como sociedades de responsabilidad limitada en Delaware, con inversionistas que mantienen su participación accionaria en unidades, no en tokens criptográficos. Para mantener a raya a los organismos de control de la SEC y los requisitos de informes, están abiertas solo a inversionistas acreditados: fondos de inversión e individuos con ingresos superiores a US$ 200.000 o un patrimonio neto invertible superior a US$ 1 millón. Ningún inversionista puede poseer más del 9% y Wright limita sus propias participaciones al 1% de cada DAO.

Los estatutos de la DAO de Tribute establecen que una compra se puede aprobar con el voto de la mayoría de quienes votan por cualquier acuerdo (no una mayoría de todos los miembros de la DAO) y proveen un mecanismo para que los participantes descontentos puedan sacar su dinero del grupo. A pesar de toda su interacción, los miembros pueden optar por permanecer anónimos entre sí. Tribute Labs, con 12 abogados, ingenieros y financieros que trabajan de forma remota, examina a todos los participantes, cumple con los requisitos federales que le exigen conocer a sus clientes y emite informes de impuestos K-1 anuales requeridos por el Servicio de Impuestos Internos (IRS). Los participantes de Flamingo provienen de Nueva York, California, Puerto Rico (un paraíso fiscal para inversores criptográficos) y Australia, entre otros lugares.

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Wright señala que el sistema legal de EE.UU. es más hospitalario con las DAO que los de Europa, ya que en EE. UU. se pueden crear empresas administradas por miembros que no designan un solo gerente o CEO. Él ayudó a escribir una nueva ley de Wyoming que permite las DAO de responsabilidad limitada, pero dice que la ley de Delaware es igual de flexible.

Otra DAO impulsada por Tribute nació casi orgánicamente. En octubre pasado, Neon DAO recaudó US$ 20 millones en solo 45 minutos para invertir en el metaverso y ya compró un terreno virtual sin desarrollar.

Dos meses después, Noise DAO, centrada en NFTs musicales, cerró en 30 minutos y recaudó US$ 7 millones. Red DAO recaudó US$ 12 millones en septiembre para centrarse en el mundo digital de la moda –los NFT representan la propiedad de una prenda física y conjuntos en el metaverso–.

Un miembro ya está asesorando a las marcas de moda sobre la estrategia NFT, lo que no es inusual, ya que los miembros de DAOs a menudo se ven a sí mismos como jugadores y no solo como inversores pasivos. Flamingo, por ejemplo, encargó NFTs a artistas desconocidos que alcanzaron la fama digital, en parte gracias a la credibilidad que transmite Flamingo.

¿Qué tan grandes podrían ser las inversiones de una DAO?

La industria global de administración de dinero ahora tiene más de US$ 100 billones en activos, y el cofundador de Syndicate, Ian Lee, pronostica que las DAO tendrán al menos 2% de eso en 10 años, ya que se mueven cada vez más hacia grandes fondos de dinero como acciones y bienes raíces. Lee, antes encargado de capital de riesgo y jefe de criptografía en Citigroup, tiene algunos patrocinadores de renombre para Syndicate, incluidos Andreessen Horowitz, Coinbase Ventures, Snoop Dogg, Ashton Kutcher y el cofundador de Reddit, Alexis Ohanian.

El ecosistema madura rápidamente. En una casa a 90 minutos de Vancouver, Columbia Británica (Canadá), Jess Sloss, de 39 años, es líder —o, como él lo llama, “instigador”— de Seed Club, que pretende ser el Y Combinator de las DAO, organizando talleres de ocho semanas para 15 grupos admitidos al programa, donde da consejos sobre marketing y cómo lanzar un token.

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Sloss se metió en el marketing digital y luego trabajó para startups de criptografía. En el camino se unió a las filas de los frustrados por el poder de las grandes compañías web. “El valor que estábamos creando para estas redes era enorme y nuestra capacidad para opinar en esas redes, o tener una participación en la propiedad, era mínima o nula”, dice Sloss. “¿Vamos a vivir con estos señores feudales y cultivar para ellos?”

¿Señores feudales? Sloss no es tan extrovertido como parece. El año pasado recaudó US$
2 millones de docenas de inversionistas ángeles —incluida la DAO de Tribute Labs— y el socio de Union Square Ventures, Nick Grossman, es un patrocinador. Además, Seed Club es solo una de las muchas DAO decididas a que los creadores y los que presentan ideas, así como los inversores, se queden con una parte justa de la riqueza.

Las DAO, dice Frank Rotman, de 50 y tantos años, socio gerente de la firma de capital de riesgo fintech QED, están “jugando con una ética y un espíritu que ha golpeado a la próxima generación”.

En Silicon Valley, Syndicate está buscando ampliar el modelo DAO más rápido, con un servicio que permite que hasta 99 inversionistas conviertan instantáneamente una billetera ethereum en una DAO –un “Club de inversión Web 3” que vota y rastrea sus tenencias en blockchain—. La configuración básica cuesta menos de US$ 300. El servicio se lanzó a fines de enero y, en menos de una semana, se habían registrado 200 DAOs.

Pero los peligros y los estafadores abundan. Si los activos aumentan a billones, es difícil que la SEC adhiera a las reglas diseñadas para las DAO. Los reguladores ya consideran que los tokens son valores si se pueden comprar y vender, en lugar de usarlos para votar y luego destruirlos cuando un inversionista se retira. Y ya existe un intercambio comercial descentralizado completo: Uniswap. “Realmente es una desobediencia civil masiva”, reflexiona Rotman.

Finalmente, está el tema del rendimiento. Si la sabiduría de las multitudes imita mejor a los memes que a los ideales ilustrados de Aristóteles, las DAO tendrán una vida útil corta. Después de que su éxito atrajera el escrutinio público, se reveló que las Beardstown Ladies tenían un desempeño inferior al del mercado.

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Por otra parte, las hordas sin rostro detrás de Flamingo han tenido mejor desempeño que con su compra de CryptoPunks: su visión les ha ayudado a convertir US$ 10 millones en casi US$ 1.000 millones en 15 meses. Una participación del 1% en Flamingo, que originalmente costaba US$ 23.000, ahora vale 3.000 ether (unos US$ 3,1 millones). Y los nuevos miembros son evaluados por el conocimiento y la influencia que pueden agregar.

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