Dos traders y ningún ejecutivo fueron responsabilizados por décadas de corrupción en Glencore
Por Christoper Helman
Marc Rich, un legendario comerciante de materias primas, huyó de Estados Unidos a Europa en 1983 tras ser acusado de hacer negocios con petróleo iraní durante la crisis de los rehenes de 1979 y de evadir $ 50 millones en impuestos. Desde Suiza, Rich continuó operando Marc Rich & Co. hasta que vendió el negocio a sus protegidos en 1994.
Cuando el presidente estadounidense Bill Clinton indultó a Rich en su último día de mandato en 2001, la empresa se había transformado en Glencore International. Rich murió libre y multimillonario en 2013, los 79 años, un ejemplo que la siguiente generación de peces gordos de Glencore pretende emular.
Desde los tiempos de Rich (y su mano derecha Pincus Green, ahora retirado y con una fortuna de US$ 900 millones) la empresa ha creado al menos nueve fortunas milmillonarias.
El más rico de esa banda de Glencore es su ex CEO Ivan Glasenberg, quien tiene una fortuna valorada en US$ 8.900 millones, según la clasificación de milmillonarios de Forbes en tiempo real. Otros son el trader de metales Daniel Maté, de 58 años, con una fortuna estimada en US$ 3.600 millones, y el trader de petróleo Tor Peterson, con US$ 2.700 millones.
Los tres dejaron la empresa en los últimos dos años, pero ni ellos ni otros ejecutivos milmillonarios han sido señalados aún en la investigación de las autoridades estadounidenses sobre Glencore, que deberá pagar multas de alrededor de US$ 1.100 millones por sobornos y manipulación de mercados a nivel internacional.
“Según documentos del Departamento de Justicia de EE.UU., los operadores de Glencore se referían a los sobornos en palabras código como ‘periódicos’, ‘diarios’ y ‘páginas'”
Hasta la fecha, dos operadores de Glencore se han declarado culpables y pronto serán condenados. Uno de ellos, Emilio José Heredia Collado, de California, admitió haber conspirado para manipular el precio del fueloil marítimo en los puertos de Los Angeles y Houstonn (EE.UU.) Por este delito Glencore deberá pagar una multa de US$ 341 millones y se le confiscarán US$ 144 millones en ganancias.
El otro es el testigo estrella de la Fiscalía, Anthony Stimler, antiguo operador de petróleo de alto nivel que supervisaba las operaciones de la empresa en África Occidental. El año pasado Stimler se declaró culpable de soborno y lavado de dinero. Al parecer, está arrepentido y ayudó a los fiscales a entender cómo Glencore, a través de “docenas de acuerdos”, pagó millones de dólares en sobornos a funcionarios nigerianos.
Según documentos del Departamento de Justicia de EE.UU. (DOJ, por sus siglas en inglés), los operadores de Glencore se referían a los sobornos en palabras código como “periódicos”, “diarios” y “páginas”. Por ejemplo, cuando un operador solicitó US$ 90.000 para sobornar a funcionarios de la Pipelines Products Marketing Co. (PPMC) de Nigeria, explicó en un correo electrónico que era la “cantidad que necesitaban para cubrir a PPMC en diarios”. Un intermediario de Glencore West Africa envió otro correo electrónico diciendo que él mismo entregaría “los periódicos”.
En 2014 a Stimler, según los documentos del DOJ, se le pidió que contribuyera con un “anticipo” de US$ 300.000 a la campaña de reelección de un funcionario nigeriano. El pago se realizó mediante una transferencia bancaria desde una cuenta de Glencore en Suiza, a través de un banco de Nueva York, a una cuenta de propiedad nigeriana en Chipre.
Glencore habría hecho US$ 40 millones en pagos ilícitos a funcionarios brasileños y US$ 1,3 millones a intermediarios venezolanos
En 2015, para poder comprar petróleo a Nigeria, Glencore tuvo que entregar US$ 50.000 por cada cargamento como “anticipo”. Según los documentos judiciales, Glencore obtuvo unos beneficios ilícitos de US$ 124 millones gracias a este esquema
Los documentos judiciales también revelan que, dentro del marco de la denominada ‘Operación Lava Jato’ —el mayor escándalo de corrupción jamás destapado en Brasil— Glencore pagó US$ 147.000 a tres funcionarios del gigante petrolero estatal Petrobras, que se disimularon como como un “cargo por servicio” de 50 centavos de dólar por barril de petróleo adquirido por la gigante anglo-suiza. En total, Glencore habría hecho US$ 40 millones en pagos ilícitos a funcionarios brasileños.
En Venezuela, Glencore pagó a intermediarios relacionados con el gobierno un total de US$ 1,3 millones para acelerar pagos atrasados de US$ 12 millones que la estatal petrolera PDVSA debía a la empresa en virtud de contratos petroleros.
En la República Democrática del Congo, cuando demandaron a Glencore por incumplimiento de contrato alegando que la empresa debía US$ 16 millones en concepto de daños y perjuicios, un intermediario de la compañía se reunió en privado con el juez de la causa y le pagó un soborno de US$ 500.000 utilizando una factura falsa por un trabajo jurídico y la demanda desapareció. Glencore admitió haber pagado US$ 27,5 millones en sobornos en este país.
Los documentos del DOJ no mencionan a ningún ejecutivo de Glencore por su nombre, aparte de Stimler y Heredia Collado. Pero hay múltiples implicados en el esquema corrupto.
El denominado “Ejecutivo 1” en el pliego acusatorio es un ciudadano del Reino Unido que hasta 2019 era responsable del negocio del petróleo a nivel global. El “Ejecutivo 2” era un trader de petróleo y gas que trabajaba en la empresa desde 1987 y que se fue en 2018 tras haber aprobado un pago de US$ 325.000 de un intermediario a funcionarios nigerianos. El “Ejecutivo 3”, otro ciudadano del Reino Unido, dirigía el negocio del cobre y el zinc.
“A los inversionistas de Glencore no parece preocuparles el escándalo de los sobornos”
La cooperación de Stimler probablemente le sirva para obtener una sentencia benévola. Y puede que no sea el único que busque un acuerdo judicial entre los 133.000 empleados de Glencore. Pero el acuerdo del DOJ con Glencore no contempla protección judicial a implicado alguno,
Sin pretender saber quién más podría correr peligro legal, sí se puede asumir quién tiene más que perder. Además de los ya mencionados Glasenberg, Maté y Peterson, los otros milmillonarios de Glencore son:
Aristotelis Mistakidis, de 60 años, quien dejó la empresa en 2018 tras ser sancionado por las autoridades canadienses por infracciones contables en una mina de la República Democrática del Congo. Había dirigido el negocio del cobre y tiene una fortuna estimada en US$ 3.500 millones.
Alex Beard, de 55 años, jefe del negocio mundial de petróleo, quien se retiró en 2019 y su patrimonio se estima en US$ 2.250 millones.
Gary Fegel, de 48 años, quien dirigía el negocio del aluminio, se fue en 2013 y tiene una fortuna calculada en US$ 1.600 millones.
Y luego está Dan Gertler, israelí, de 48 años quien tiene una fortuna estimada por Forbes en US$ 1.200 millones, gran parte de ella derivada de la venta de dos minas a Glencore en la República Democrática del Congo en 2017. La administración Trump lo sancionó por amasar una fortuna ilícita mientras actuaba como agente del presidente de ese país, Joseph Kabila, a quien supuestamente pagó millones en sobornos. Gertler llevó a Glencore a los tribunales por cientos de millones de dólares en regalías que debían pagarle por las minas de cobalto del Congo y el caso se resolvió a su favor hace cuatro años.
A los inversionistas de Glencore no parece preocuparles el escándalo de los sobornos.
La empresa había revelado previamente que esperaba un golpe financiero de aproximadamente US$ 1.500 millones por estos casos y los había separado en sus cuentas.
Al día de hoy sus bonos cotizan en torno a la par y el precio de sus acciones se acercan al máximo en 10 años. La capitalización bursátil de Glencore es de US$ 68.000 millones.
La empresa se encuentra en la envidiable posición de ser uno de los mayores comerciantes de energía del mundo en un período de aumento de precios y escasez, así como una de las mayores mineras de metales como el cobre, el aluminio y el cobalto, todos elementos vitales para la fabricación de baterías para vehículos eléctricos y otras fuentes de energía alternativas.
En Chile, es propietaria de la Minera Lomas Bayas, del Complejo Metalúrgico Altonorte y posee el 44% de Collahuasi, la segunda mina de cobre más grande del país y una de las más grandes del mundo.
La empresa insiste en que lleva años limpiando la casa y que, incluso antes de enterarse de la investigación del Departamento de Justicia, había tomado medidas para mejorar la ética y el cumplimiento de normativas, y había adoptado medidas correctivas, como castigar a los empleados corruptos.
El CEO Glasenberg se marchó el año pasado y fue reemplazado por Gary Nagle, de 47 años, quien se incorporó a Glencore en 2000. En una declaración esta semana, el presidente de la junta directiva Kalidas Madhavpeddi insistió en que han limpiado la casa. Glencore “hoy ya no es la empresa que era cuando estas prácticas inaceptables”, dijo.