La fintech chilena apuesta por convertirse en la infraestructura de confianza para transacciones patrimoniales de alto monto, partiendo por el sector automotriz y proyectando un nuevo estándar para pagos digitales en Chile.

En el ecosistema fintech chileno, donde la velocidad suele ser la principal promesa, Paga en Línea decidió competir en otro terreno: la confianza. La plataforma fundada por Francisco Arenas Gómez se posiciona como una pasarela especializada en transacciones de alto valor, con foco inicial en la compra y venta de vehículos, un mercado que combina montos elevados, múltiples actores y altos niveles de riesgo operativo.

La tesis detrás del proyecto surge de una experiencia personal. Arenas creció en una familia vinculada al comercio y vivió de cerca la fragilidad del patrimonio cuando su padre perdió su kiosco en Estación Central tras un proceso de desalojo. Ese episodio, relata, instaló una pregunta que hoy guía su emprendimiento: cómo evitar que el esfuerzo de años quede expuesto a la incertidumbre.

“Esa experiencia marcó profundamente mi vida y despertó en mí una convicción: aportar a un sistema donde el patrimonio de las personas esté resguardado y donde las transacciones no dependan del azar ni de la vulnerabilidad”, afirma.

Un vacío en pagos de alto monto

El problema que Paga en Línea identifica es estructural. Las transferencias tradicionales funcionan bien en montos bajos, pero se vuelven complejas cuando las cifras aumentan; los instrumentos bancarios clásicos, en tanto, implican fricción operativa, tiempos y costos.

Entre ambos extremos aparece un espacio dominado por procesos manuales, múltiples transferencias o acuerdos basados en confianza personal. En operaciones como la compraventa de autos, ese riesgo se traduce en un momento crítico: quién entrega primero.

“En muchas compraventas tradicionales, en algún punto del proceso una de las partes debe realizar un ‘voto de confianza’ —entregar el dinero o el bien antes de tener garantías plenas—, lo que en la práctica se transforma en un verdadero salto al vacío”, explica Arenas.

La propuesta de la fintech busca eliminar ese punto ciego. Su plataforma permite transferir hasta US$40.000 en una sola operación, custodiar los fondos durante 24 horas y liberarlos solo cuando se cumplen las condiciones pactadas, protegiendo simultáneamente a compradores y vendedores.

“La confianza, para nosotros, es un requisito técnico, no un eslogan”, sostiene el fundador.

El modelo fue probado mediante un piloto que recaudó cerca de US$4 millones en cinco meses, una señal —según la compañía— de la demanda por soluciones especializadas para operaciones de alto monto.

Actualmente, la plataforma opera integrada con la banca tradicional, exige autenticación mediante ClaveÚnica y aplica controles preventivos de fraude y revisiones financieras antes de permitir el uso del servicio. La empresa además actúa como operador del Servicio de Impuestos Internos, lo que refuerza trazabilidad y cumplimiento normativo.

Ese énfasis en regulación no es accesorio: apunta a posicionar la solución como infraestructura financiera más que como simple medio de pago.

Infraestructura para digitalizar patrimonio

El proyecto se inscribe en una tendencia global: la digitalización de transacciones patrimoniales entre personas —desde autos hasta propiedades o activos de alto valor— mediante mecanismos de custodia digital.

Para Arenas, el potencial es mayor que la vertical automotriz. El objetivo es construir un estándar que reduzca la dependencia de la confianza interpersonal en operaciones relevantes.

“Las transacciones de alto valor no deberían depender de la confianza entre desconocidos, sino de mecanismos formales que protejan a ambas partes”, plantea.

La ambición es de largo plazo. Así como las tarjetas transformaron el comercio minorista, la empresa apuesta a que la custodia digital redefinirá las transacciones entre particulares.

“Nuestro objetivo no es solo facilitar pagos, sino construir la infraestructura de confianza que permita digitalizar transacciones patrimoniales relevantes en Chile”, concluye.

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