Tras limpiar el aire de la región, el emprendedor escala hoy una tecnología no tóxica que desafía el diseño químico tradicional y redefine la eficiencia en los mercados globales.
Tras fundar la primera planta de AdBlue en América Latina y contribuir a descontaminar el aire de la región, Mauricio Navarrete ahora apuesta por revolucionar la industria química con tecnología no tóxica y biodegradable.
En plena era post pandemia, buena parte del planeta sigue confiando en la misma receta de siempre: cloro, amonios cuaternarios, soda cáustica y alcohol para sentir que todo está limpio. Son efectivos en condiciones de laboratorio, pero con un costo silencioso para la salud de las personas, el agua y los ecosistemas.
La historia de Mauricio Navarrete en el mundo químico comenzó con una decisión que marcaría el rumbo de su carrera: fundar Adquim y levantar la primera planta de AdBlue de América Latina, un reactivo clave para reducir las emisiones de óxidos de nitrógeno en motores diésel. Ese paso convirtió a la compañía en una de las que más ha contribuido a la descontaminación del aire en la región y le dio a Navarrete la certeza de que la química podía ser una herramienta directa para revertir el impacto ambiental de la industria.
Esa experiencia chocó con lo que observó durante la pandemia. Mientras el mundo aumentaba el uso de desinfectantes, Navarrete notaba un patrón incómodo: La mayoría de los productos certificados contra el SARS-CoV-2 exigen tiempos de contacto de varios minutos para cumplir lo que promete la etiqueta, y una parte importante se basa en activos corrosivos o contaminantes. Los ensayos internos con su nueva tecnología mostraron algo distinto: el virus se inactivaba prácticamente al instante, sin generar daño en las células de cultivo.
“Si los químicos que usamos para protegernos terminan dañando a las personas, al agua y al aire, el problema ya no es sanitario, es de diseño”, resume Navarrete. Esa convicción dio origen a AdClean, la tecnología con la que busca posicionarse como referente global en innovación química. En paralelo, AdClean ha llevado esta lógica al consumo masivo con la campaña “El fin de los tóxicos”, desarrollando productos que buscan reemplazar los químicos y desinfectantes tradicionales en el hogar sin renunciar a la eficacia.
Del deporte al laboratorio
Navarrete no nació en un laboratorio, sino en una cancha. Fue arquero profesional hasta los 24 años, mientras estudiaba Ingeniería Comercial en jornada vespertina. Esa combinación de deporte de alto rendimiento y estudio forjó su estilo: disciplina, tolerancia al cansancio y una obsesión por mejorar cada día. Su estilo de liderazgo sigue marcado por la disciplina que aprendió como arquero profesional: rutinas de alto rendimiento, foco en la ejecución y una tolerancia poco común al riesgo y al trabajo duro. Con el tiempo, desarrolló una tesis clara: lo tóxico no es inevitable; es un síntoma de diseño industrial obsoleto.
Diseño a medida para grandes problemas industriales
Detrás de AdClean y su división industrial AdCleantech no existe una fórmula universal. Cada instalación es un ecosistema microbiano único, moldeado por su agua, materias primas, temperatura y manejo de residuos. La compañía utiliza metagenómica para leer el ADN de las comunidades de bacterias, hongos y virus presentes en superficies y equipos. Los datos se integran en modelos de inteligencia artificial que permiten diseñar combinaciones específicas de moléculas para ese ecosistema en particular.
El portafolio de clientes habla por sí mismo: Minera Escondida, SQM, Abastible, AquaChile, Agrosuper, Carozzi, Nestlé y Dole. Para Navarrete, cada implementación en un líder de industria es también un mensaje: la transición hacia soluciones no tóxicas ya no es discurso, es ventaja competitiva.
Validación global
En 2023, AdClean fue certificada como Empresa B, validando su compromiso ambiental, social y de gobernanza. En 2025, Navarrete fue seleccionado por la red global de Endeavor, abriendo acceso a mentores internacionales, universidades como Harvard, Stanford y MIT, redes de capital y talento, consolidando la ambición de llevar esta tecnología chilena a mercados globales.
Tras más de una década contribuyendo a limpiar el aire con AdBlue, el nuevo gran desafío es el agua. Desde AdClean y AdCleantech desarrollan tecnologías para tratamiento y reutilización de RILes, transformando el agua en un activo circular para industrias intensivas como minería, alimentos y acuicultura.
“Nuestra tecnología salva vidas; por eso tenemos la obligación de llevarla a todo el mundo”, afirma Navarrete. En un escenario donde consumidores, reguladores y grandes compañías priorizan la sostenibilidad, su apuesta es directa: el fin de los tóxicos será el estándar que definirá a los ganadores de la próxima década en la industria química.
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