A diferencia de la 'renuncia silenciosa', donde los trabajadores permanecen en su trabajo pero solo hacen lo mínimo indispensable, la renuncia por venganza consiste en tomar una postura fuerte y visible. Un fenómeno que se ha extendido por todo el mundo.

Muchos de nosotros hemos experimentado la rabia que conlleva ser maltratado en el trabajo e incluso quizás hemos sentido el instinto de empacar e irnos. Malos jefes, trato despectivo o bajos salarios podrían estar detrás de estas emociones instintivas. Pero, mientras la mayoría de los empleados se tragan la ira y vuelven al trabajo, algunos se marchan de una manera que le dice a su empleador exactamente cómo se sienten. Bienvenidos al mundo de la “renuncia por venganza”.

A diferencia de la “renuncia silenciosa”, donde los trabajadores permanecen en su trabajo pero solo hacen lo mínimo indispensable, la renuncia por venganza consiste en tomar una postura fuerte y visible.

Es un fenómeno que se ha extendido por todo el mundo. Quienes renuncian han grabado su salida para redes sociales, han enviado correos electrónicos de despedida mordaces o han renunciado dos horas antes de dar una clase.

Estos incidentes demuestran cómo renunciar por venganza puede ser empoderante: una forma de recuperar la dignidad cuando los trabajadores se sienten ignorados o maltratados. Pero esto indica algo más que un aumento del drama laboral o un cambio generacional de comportamiento. Indica que, cuando se enfadan, algunos trabajadores están listos para hacer oír su voz.

El clásico libro de 1970 del economista Albert Hirschman, “Salida, Voz y Lealtad”, sugería que ante la insatisfacción, las personas pueden expresar su opinión (quejarse), mostrar lealtad (soportarlo) o marcharse (irse). La renuncia por venganza es una forma de salida, pero está diseñada para enviar un mensaje a los empleadores.

Varias dinámicas en el lugar de trabajo aumentan la probabilidad de renunciar por venganza:

Jefes abusivos y entornos tóxicos: las investigaciones muestran que la supervisión abusiva hace que los trabajadores sean más propensos a tomar represalias y renunciar.

Maltrato por parte de los clientes: los estudios también muestran que la mala educación o la incivilidad por parte de los clientes pueden provocar intenciones de venganza en los trabajadores de primera línea.

Agotamiento emocional: estar sobrecargado de trabajo o no recibir apoyo puede llevar a las personas a tomar represalias, incluidas renuncias dramáticas.

Cultura de las redes sociales: plataformas como TikTok brindan un escenario, haciendo que dejar el trabajo no sea solo algo personal, sino performativo.

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Los riesgos y las alternativas

Por supuesto, renunciar por venganza conlleva riesgos. Las salidas dramáticas pueden perjudicar futuras carreras, especialmente en pequeñas industrias donde se corre la voz rápidamente, o si los trabajadores renuncian varias veces tras una estancia relativamente corta. Para quienes tienen habilidades demandadas, amplia experiencia y un historial de buen desempeño, los riesgos pueden ser menores.

Entonces, ¿cuáles son las alternativas?

  • Voz en lugar de salida: plantear inquietudes al departamento de Recurso Humanos, a los responsables de bienestar o a los representantes sindicales (si es que existen en tu empresa).
  • Desapego: retirarse silenciosamente, por ejemplo, no dedicando tiempo a preparar reuniones o evitando tareas adicionales, como una forma de recuperar algo de control.

Estas alternativas podrían, en última instancia, perjudicar más a las organizaciones que un trabajador que renuncia abiertamente (siempre y cuando la renuncia por venganza no se generalice en la organización). Pero, por supuesto, no todos los que quieren renunciar pueden hacerlo.

Una encuesta de 2023 reveló que más de la mitad de los trabajadores a nivel mundial desearían dejar su trabajo, pero no pueden. Esto podría deberse a factores como responsabilidades financieras, oportunidades limitadas o limitaciones familiares.

Los investigadores de relaciones laborales han llamado a estas personas “reticentes a quedarse”. Un estudio reveló que alrededor del 42% de los empleados de dos organizaciones eran reticentes a quedarse. Otros han descubierto que estos empleados “estancados” suelen desarrollar planes de represalia. Pueden propagar negatividad discretamente o minar la productividad. A largo plazo, esto puede ser más perjudicial que una renuncia por venganza.

El efecto de una renuncia por venganza probablemente dependa del contexto. En organizaciones pequeñas, una salida repentina puede ser devastadora. Esto es especialmente cierto si el empleado posee habilidades poco comunes o muy valoradas. Una renuncia repentina y ruidosa también puede perjudicar a los compañeros que se quedan para recuperar el puesto.

Las organizaciones más grandes pueden experimentar inconvenientes, pero probablemente puedan absorber el impacto con mayor facilidad. Si bien una salida ruidosa de personal sénior o altamente cualificado puede tener un impacto significativo, los empleadores estarán dispuestos a evitarlo, trabajando para resolver los problemas antes de que la situación llegue a un punto crítico.

Por esta razón, es probable que la renuncia por venganza sea más visible entre los trabajadores más jóvenes o precarios, quienes a menudo se sienten menos apoyados.

¿Qué pueden hacer entonces las empresas?

Renunciar por venganza puede ser una señal de que los sistemas tradicionales de apoyo a los empleados no funcionan. Muchos equipos de Recurso humanos ya están sobrecargados y tienen dificultades para satisfacer todas las exigencias que se les imponen. Aun así, existen algunas prácticas básicas que los empleadores pueden seguir.

Estas medidas incluyen fomentar una comunicación abierta para que los empleados se sientan seguros al plantear sus problemas, así como capacitar a los gerentes para evitar comportamientos abusivos o de microgestión. Y, aunque parezca obvio, la desigualdad en las cargas de trabajo y las condiciones laborales genera insatisfacción entre los trabajadores; es importante garantizar que sean justas.

Los empleadores también deben reconocer las expectativas de los trabajadores más jóvenes, quienes a menudo priorizan el respeto y el equilibrio.

En esencia, la renuncia por venganza refleja graves problemas en el entorno laboral. Si bien renunciar ruidosamente puede resultar empoderante para el trabajador, especialmente en momentos de tensión, podría ser una mala noticia tanto para los empleados como para las organizaciones.

Sobre la autora:

*Kathy Hartley es Profesora titular de Gestión de Personas en la Universidad de Salford.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation