El foco en el medio ambiente, en la sociedad, en el gobierno corporativo, llegó con fuerza al país desde 2021 con la entrada en vigencia de la NCG 461. Según un estudio de Deloitte Chile, ha habido un avance significativo, pero ¿qué tan importante es el tercero de los criterios ESG?

Fue en 2004 cuando surgió el término ESG –Ambiente, Sociedad y Gobernanza, en español– mencionado
por Kofi Annan, secretario de las Naciones Unidas de ese entonces. Lo cierto es que, si bien se habla
mucho de estos criterios que hoy parecen esenciales en el mundo empresarial asociados al medio
ambiente y la conexión con lo social, la gobernanza sigue siendo el criterio que genera mayor confusión.

Pamela Méndez, socia de Servicios de Sostenibilidad de EY, explica que “el criterio de gobernanza se
refiere al conjunto de iniciativas, prácticas y procesos para abordar la toma de decisiones organizacionales, que garanticen la asignación eficiente de recursos y el cumplimiento de las expectativas en sus grupos de interés y accionistas”.

Este aspecto es fundamental dentro del concepto ESG, ya que incorporar buenas prácticas de gobierno corporativo permite que las empresas generen rendimientos adecuados para sus grupos de interés y así poder ser más sostenibles en el tiempo.

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Para María Ignacia García, senior manager de ESG Assurance de PwC Chile, la G de gobernanza o gobierno se considera la variable más decisoria en cuanto al desempeño de ESG general de la empresa, “puesto que la cabida de la E y la S están supeditadas por la G”.

Siguiendo la misma línea, la chief purpose officer de Deloitte Chile, Jacqueline Plass, explica que la G es el elemento central, el responsable y el que toma las decisiones de articular adecuadamente los aspectos ambientales y sociales para que los otros dos criterios estén alineados a la estrategia de negocio, con el objetivo de generar impactos reales y que sean consistentes.

“Asimismo, esta G establece las políticas y sistemas internos, permitiendo que elementos como la estrategia, la gestión de riesgos, la ética y otras variables relevantes para los grupos de interés estén incorporados en la gestión del negocio”, indica Plass.

El estudio realizado por la consultora “ESG 360°: una mirada integral en la aplicación de la NCG N°461”, que analizó a 80 empresas que debían presentar sus memorias anuales en cumplimiento de la norma publicada por la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) –tener más de 20 millones de UF en activos–, identificó que en la mayoría se observa un alto cumplimiento tanto de los contenidos como de los indicadores de la Sustainability Accounting Standards Board (SASB).

En relación a la gobernanza, el informe mostró “un enorme avance en cuanto a la presencia de mujeres en los directorios, pasando de 9,01% en 2018 a 18% en 2022; es decir, duplicando su presencia en cuatro años. Esto va muy de la mano con lo que está sucediendo en gremios como Sofofa, en el que recientemente fueron elegidas 8 de las 9 postulantes a consejeras, pasando así a tener 26% de mujeres formando parte del Consejo”.

FORTALECIENDO LA G

Pero, ¿cómo se fortalece la gobernanza? Para la chief purpose officer de Deloitte Chile, primero es
importante que la organización se pregunte a sí misma: ¿cómo el gobierno corporativo y el directorio ayudan a preservar y generar valor?

“Para eso, es importante entender dónde está la empresa hoy, cuáles son los elementos de gobernanza
más relevantes e importantes para su negocio, cuán maduro está el gobierno corporativo en la organización.

Solo haciendo esta reflexión es posible entender con lo que cuento hoy y qué me hace falta para fortalecer mi gobernanza”, señala.

Por su parte, Pamela Méndez, de EY, asegura que para fortalecer la gobernanza es necesario comenzar estableciendo lineamientos y políticas robustas por parte del directorio y el máximo órgano de gobierno para que luego sean implementadas a lo largo de toda la organización. También es importante contar con buenas prácticas, como establecer procesos de evaluación periódica y planes de capacitaciones en materia de sostenibilidad, abarcando los tres aspectos ESG.

Desde PwC Chile, la gobernanza se trabaja bajo 6 puntos clave: directorios —gobierno corporativo—, la definición de cultura y propósito, ética y cumplimiento a través de canales y programas, el control interno a través de auditorías, la transparencia y modelos de propiedad y/o repartición de utilidades alineados al propósito de la empresa.

¿Y con qué beneficio? “La robustez del gobierno corporativo es clave para la alineación estratégica, el desempeño y la confianza del mercado y, por ende, para el acceso a financiamiento. Además, moldea el rol de la empresa en relación a su entorno y sus grupos de interés”, enfatiza Evelyn Stevens, senior manager de Sostenibilidad y Cambio Climático.

Para Méndez, los beneficios de potenciar la G apuntan al aumento de la confianza de los mercados financieros y de sus grupos de interés “debido que permite a las organizaciones abordar sus impactos en el entorno, tener una mayor comprensión de cuáles son sus oportunidades y desafíos para el crecimiento de su capital y, de ese modo, aumentar su capacidad para asignar eficientemente sus recursos”.

LA GOBERNANZA EN CHILE

Lo cierto es que, en 2015 y en el contexto de que Chile se había incorporado a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS) lanzó la Norma de Carácter General (NCG) 385 para fomentar buenas prácticas de gobierno corporativo bajo un esquema comply or explain de adopción voluntaria.

“Esa norma tuvo un impacto limitado en la adopción de las mejores prácticas (Estudio PwC 2016) y en 2021 quedó derogada al entrar en vigencia la NCG 461 de memoria integrada”, explica Stevens, agregando que “unas buenas prácticas han sido la mayor incorporación de mujeres en directorios y la constitución de comités, entre ellos comités relacionados a ámbitos ESG”.

Sin duda, esta última norma busca que las empresas fortalezcan sus gobiernos corporativos e incorporen criterios ESG en sus reportes. “Desde su implementación se ha visto que las organizaciones han desarrollado prácticas más rigurosas de reportabilidad y han comenzado a incorporar, dentro de su marco de gestión de riesgos, los riesgos climáticos con efectos financieros relevantes para sus industrias”, asegura la socia de Servicios de Sostenibilidad de EY.

Jacqueline Pass, de Deloitte Chile, apunta a que la emisión de esta norma es un gran paso en esta materia, ya que se adecúa a los estándares internacionales de las buenas prácticas de gobiernos corporativos de los Emisores de Valores.

“Asimismo, también hay iniciativas de carácter regulatorio que tienen relación con la confiabilidad de la información que las organizaciones entregan al mercado en materias ambientales y sociales, y es ahí donde la gobernanza juega un rol fundamental y, sobre todo, el directorio, que es el responsable de la integridad de la información que la empresa comunica en estas materias”, concluye.

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