La cirujana plástica Montserrat Fontbona y la dermatóloga Karen Valenzuela, de Clínica Áurea, explican por qué la demanda dejó de ser parecer más joven y pasó a ser verse descansada y seguir reconociéndose frente al espejo.

Muchas consultas empiezan con una imagen en el celular. Un tratamiento visto en redes sociales, la recomendación de una amiga, un nombre que se repite en la sobremesa. La paciente llega con la respuesta elegida. El trabajo médico, en cambio, empieza por la pregunta.

“El punto de partida nunca debería ser el procedimiento, sino entender qué es lo que realmente necesita ese rostro”, explica la Dra. Montserrat Fontbona, cirujana plástica y socia cofundadora de Clínica Áurea.

Durante años, la estética femenina se habló en clave de juventud. Entre las mujeres que dirigen empresas, equipos y proyectos, esa conversación cambió: el objetivo ya no es necesariamente parecer menor ni transformar los rasgos, sino verse descansada, saludable y seguir reconociéndose frente al espejo. Para la Dra. Montserrat Fontbona y la Dra. Karen Valenzuela, dermatóloga de la misma clínica, el giro dice menos de una moda que de un tipo de paciente: más informada, más exigente y con una idea clara de cómo quiere transitar cada etapa de su vida.

DOS TRAYECTORIAS, UN MISMO CRITERIO

Fontbona suma más de 20 años de ejercicio. Fue presidenta de la Sociedad Chilena de Cirugía Plástica, hoy representa a Chile ante la International Society of Aesthetic Plastic Surgery (ISAPS) y es subdirectora del Capítulo de Estética de la Federación Iberolatinoamericana de Cirugía Plástica (FILACP). Su campo es el rostro: cirugía plástica facial, cirugía avanzada de párpados y tratamientos no quirúrgicos. También forma a nuevas generaciones de cirujanos plásticos.

Valenzuela, especialista en dermoestética y láser, es docente de pre y postgrado de la Universidad de Chile, participando en la formación de nuevas generaciones de dermatólogos. Además, es coordinadora del Diplomado de Láser de la Universidad de Chile y ha participado como expositora en diversos congresos nacionales e internacionales, tanto en Latinoamérica como en Europa.

Vienen de disciplinas distintas, pero coinciden en algo. Conocer la última técnica no basta; lo que distingue a un especialista es saber cuándo usarla y cuándo no.

EL NUEVO LUJO ES DISCERNIR

En una época de sobreinformación y tendencias que se renuevan cada temporada, el desafío clínico está en discernir. Cada rostro tiene una anatomía, una calidad de piel, una historia y un objetivo propios, y es la evaluación integral la que define qué hacer, en qué orden y en qué momento.

“Cuando evaluamos a una paciente no observamos solamente una arruga o una mancha. Analizamos la calidad de la piel, su estructura y qué combinación de herramientas puede entregar el mejor resultado”, señala Valenzuela.

En esa lógica, más no significa mejor. “Una buena medicina también implica saber cuándo realizar un procedimiento y cuándo no hacerlo”, afirma Fontbona. La edad tampoco es lo que ordena la indicación: hay pacientes que se benefician de una cirugía puntual y otras que mantienen buenos resultados durante años con alternativas no quirúrgicas, como el láser o los bioestimuladores, que actúan sobre la pigmentación, la textura y la producción de colágeno.

La confianza, agrega Valenzuela, se construye cuando la paciente entiende por qué se le indica cada tratamiento, qué alternativas tiene y qué puede esperar de forma realista. Es decidir desde la información y no desde la presión por alcanzar un ideal.

CUANDO LA CIRUGÍA Y LA DERMATOLOGÍA TRABAJAN JUNTAS

Por mucho tiempo, cirugía plástica y dermatología estética se entendieron como caminos separados. Hoy, una de las principales evoluciones del área está en su integración. La cirugía puede reposicionar estructuras; la dermatología trabaja la calidad de la piel y acompaña el resultado en el tiempo.

“El objetivo no es sumar procedimientos porque sí. Cada intervención debe tener un propósito y complementarse con las demás”, explica Fontbona.

Sobre esa idea Clínica Áurea organizó su modelo: las distintas especialidades trabajan de manera complementaria, aportando desde sus respectivas áreas según las necesidades de cada paciente, para que cada tratamiento potencie al siguiente. “Así podemos abordar sus distintas necesidades respetando siempre su anatomía”, dice Valenzuela. La meta no es parecer otra persona. Es seguir pareciendo una misma.

LA AGENDA TAMBIÉN ES PARTE DEL TRATAMIENTO

Para una mujer que dirige una compañía, viaja o sostiene múltiples responsabilidades, el tiempo de recuperación no es un detalle: pesa en la decisión. Por eso la planificación considera la agenda y el momento de vida de cada paciente, no solo el resultado esperado.

“Un buen plan considera qué realizar, pero también cuándo hacerlo”, explica Fontbona. En lugar de transformaciones inmediatas, la tendencia apunta a planes progresivos, que evolucionan junto con la paciente. “La mantención también forma parte del tratamiento. Los controles permiten ajustar la estrategia y conservar los resultados de manera armónica en el tiempo”, añade Valenzuela.

Una generación de mujeres que ha conquistado nuevos espacios de liderazgo empieza a pedirle a la estética algo distinto. No la perfección, ni detener el reloj. Solo la posibilidad de decidir cómo transitar el tiempo y seguir reconociendo a quien aparece en el espejo.