Con 93 eventos internacionales en 2025 y Lima instalada como la tercera ciudad más dinámica de América en el segmento MICE, Perú se consolidó como uno de los mercados de reuniones más activos de la región. A tres horas y media de vuelo, la oferta combina infraestructura, desierto, sillar y Amazonía.
Durante años, el mapa del turismo corporativo en la región tuvo un orden previsible: Ciudad de México y São Paulo se repartían la agenda de congresos internacionales por volumen y escala, y el resto competía por lo que quedaba. En 2025 ese orden se movió. Lima no solo entró al grupo de las plazas más activas de América en turismo de reuniones, incentivos, congresos y exhibiciones (MICE), sino que quedó por delante de ambas en dinamismo. Para las empresas chilenas que definen dónde llevar a sus equipos, el dato mueve a Perú desde la categoría de destino conocido a la de alternativa competitiva.
El salto que reordenó la agenda regional
Perú ocupó en 2025 el octavo lugar de América en turismo MICE, con 93 eventos internacionales y regionales realizados en el país, según el ranking GlobeWatch Business Analytics de la International Congress and Convention Association (ICCA). La cifra representa un aumento de 111,4% frente a 2023 y de 52,5% respecto a 2024, una progresión que consolida al país como uno de los mercados más activos del continente en este segmento.
Lima concentra buena parte de ese crecimiento. La capital se posicionó como la tercera ciudad más dinámica de América en turismo de reuniones, con 72 congresos internacionales durante 2025 y un alza de 67,4% frente al año anterior, superando a plazas como Ciudad de México y São Paulo.
El comportamiento del viajero corporativo explica parte del atractivo. Un turista MICE gasta en promedio 1.321 dólares durante su estadía en Perú, un monto superior al del turista vacacional convencional, y cerca del 40% de quienes asisten a congresos internacionales vuelven después al país por turismo recreativo. Ese efecto multiplicador sobre hotelería, gastronomía y transporte es uno de los argumentos que PromPerú utiliza para posicionar al país como sede de eventos corporativos. Para una compañía con base en Santiago, la logística acompaña: Lima está a poco más de tres horas y media de vuelo, con frecuencias directas diarias y sin diferencia horaria relevante para coordinar agendas.
Lima: el punto de partida donde está la infraestructura
La capital reúne la mayor infraestructura para congresos del país. El Centro de Convenciones de Lima, inaugurado en 2019, tiene capacidad para 10.000 personas y 85.000 metros cuadrados de construcción, lo que lo ubica como la sede de mayor volumen de Sudamérica. A esa base se suma una condición que ninguna otra capital de la región puede ofrecer: Lima es la única con vista directa al océano Pacífico, un telón de fondo que las agencias aprovechan para cenas y actividades frente al mar.
El otro diferenciador es la mesa. Reconocida como una de las capitales gastronómicas del mundo, Lima integra en los programas MICE una cocina que mezcla influencias andinas, amazónicas, europeas y asiáticas. Platos emblemáticos como el ceviche, el lomo saltado y la causa limeña dejaron de ser un complemento turístico para convertirse en herramienta de integración: cenas de autor, recorridos culinarios y talleres de cocina peruana funcionan hoy como dinámicas de equipo tan efectivas como un taller de liderazgo, y bastante más memorables.

Del desierto al sillar: el sur como escenario de incentivos
A pocas horas de Lima, hacia el sur, Ica ofrece un registro distinto, centrado en la aventura y el paisaje. Los equipos pueden desarrollar actividades de team building en el desierto de Paracas, recorrer la reserva en camionetas 4×4 o navegar el litoral en yate. Sus viñedos abren un capítulo aparte: las degustaciones de pisco y los maridajes se han vuelto un formato habitual para celebrar cierres de año o metas comerciales, y el sobrevuelo de las Líneas de Nazca añade un componente de historia y misterio difícil de replicar en un salón de hotel.
Más al sur, Arequipa combina infraestructura urbana con naturaleza cercana. La Ciudad Blanca permite organizar encuentros en casonas coloniales construidas en sillar —la piedra volcánica blanca que le da nombre— frente al volcán Misti, y sumar a la agenda salidas al Cañón del Colca, uno de los cañones más profundos del mundo, donde el vuelo del cóndor se ha convertido en la postal obligada de cualquier programa ejecutivo. Su clima seco y sus cielos despejados amplían la ventana para actividades al aire libre. No es casualidad que la ICCA incluya a Arequipa entre los mercados MICE emergentes de su ranking 2025, junto con Piura, Chiclayo, Juliaca y Puno.
La nueva frontera: comunidad, Amazonía y descentralización
El portafolio peruano se completa con dos apuestas más experienciales. En Cusco, los programas de incentivo se apoyan en el Valle Sagrado y en la relación directa con comunidades locales: talleres textiles, dinámicas comunitarias y actividades vinculadas a la agricultura andina, pensadas para reforzar el trabajo colaborativo. En Iquitos, en Loreto, la Amazonía peruana representa el extremo más experiencial del catálogo, con sesiones de bienestar frente al río Amazonas y dinámicas de integración a bordo de cruceros fluviales de lujo, un formato para empresas que buscan diferenciarse de los circuitos urbanos tradicionales.
Ese despliegue no es improvisado. Desde PromPerú explican que la descentralización de la oferta permitió que ciudades como Cusco, Arequipa, Trujillo, Ayacucho y Puno den un salto en su capacidad de recibir eventos internacionales, modernizando infraestructura y elevando estándares de servicio. Congresos recientes como el Mundial SKAL en Cusco y el Congreso Internacional de la Lengua Española en Arequipa validaron esa capacidad operativa fuera de Lima. De cara a 2026, el país mantiene su presencia en ferias como IBTM World, en Barcelona, con la gastronomía como principal carta de presentación frente a otros destinos de la región.
La lectura para el mercado chileno es concreta. Las compañías ya no eligen destinos por su funcionalidad, sino por su capacidad de dejar una huella en los equipos, y en ese terreno Perú dejó de competir por precio para hacerlo por experiencia. La pregunta para un gerente en Santiago ya no es si el país vecino puede recibir su próximo encuentro corporativo —los números de la ICCA lo responden— sino cuál de sus territorios, de la costa al Ande y de la ciudad a la Amazonía, se ajusta mejor a la cultura que quiere construir con su gente.
