Con una facturación local de US$385 millones, el segundo lugar en envíos de smartphones y la llegada de sus series flagship al mercado chileno, la compañía redefine su posicionamiento en la región.

En 2019, cuando Xiaomi aterrizó en Chile como franquicia oficial de fábrica, la operación local cabía en una oficina pequeña: cinco personas y la promesa de una marca que, fuera de Asia, todavía se asociaba casi exclusivamente con precios bajos. Siete años después, la compañía emplea a cerca de 100 trabajadores directos en el país, facturó US$385 millones durante 2025 y ocupa el segundo lugar en envíos de smartphones con un 20% del mercado, según datos de Omdia. Solo Samsung la supera a nivel local.

La cifra refleja una transformación que excede lo comercial. A nivel global, Xiaomi ya es el tercer fabricante mundial de smartphones —por detrás de Samsung y Apple— y ha puesto en marcha una estrategia de premiumización que busca modificar no solo su catálogo, sino la percepción que el consumidor tiene de la marca. Chile, con su adopción temprana de tecnología y un público receptivo a propuestas de gama alta, se convirtió en uno de los mercados donde esa apuesta se despliega con mayor intensidad.

Series Xiaomi 17 y 17T: la credencial flagship

La llegada oficial de las Series Xiaomi 17 y Xiaomi 17T al mercado chileno —la primera en el primer trimestre del año, la segunda recién estrenada— constituye el movimiento más visible de esa reorientación. Los dispositivos ponen el acento en fotografía computacional con ópticas desarrolladas junto a Leica, capacidades avanzadas de telefoto y materiales de construcción premium. Es un lenguaje de producto que se distancia deliberadamente del discurso tradicional de especificaciones y precio.

“La evolución de Xiaomi en Chile refleja cómo ha cambiado también el consumidor local”, sostiene Martín Castro, Deputy Country Manager de Xiaomi Chile. “Hoy existe una búsqueda mucho más marcada por innovación, diseño y experiencia premium, y creemos que nuestras series flagship responden a esa demanda”.

“También hemos fortalecido relaciones con los principales actores del segmento premium en Chile, demostrando capacidad para competir no solo en ventas, sino también en experiencia de marca, retail y ecosistema conectado” — Martín Castro, Deputy Country Manager de Xiaomi Chile

El calendario de lanzamientos acompaña esa ambición. Según Castro, la oficina chilena ha trabajado para sincronizar sus estrenos con los de China y los principales mercados internacionales, un factor que importa especialmente al segmento de consumidores early adopters, habituados a seguir los ciclos globales de la industria.

Retail y postventa como argumento de marca

Competir en gama alta exige más que buenos dispositivos. Xiaomi lo sabe, y parte de su estrategia para los próximos años pasa por fortalecer la presencia física en Chile mediante nuevas tiendas oficiales, con foco en experiencia de usuario y servicio postventa —dos dimensiones donde históricamente las marcas chinas han enfrentado escepticismo.

“Queremos seguir elevando la experiencia de marca. Las nuevas tiendas oficiales serán fundamentales para potenciar el servicio postventa, la atención especializada y la conexión directa con nuestro ecosistema”, explica Castro. En paralelo, la compañía ha consolidado alianzas con los principales retailers del país, buscando ampliar cobertura sin sacrificar el control sobre cómo se presenta la marca al consumidor final.

Actualmente, cerca del 90% de las ventas de Xiaomi en Chile corresponden a smartphones. El 10% restante proviene de categorías AIoT —dispositivos conectados para el hogar y productos del ecosistema inteligente de la compañía—, un segmento que la marca proyecta expandir a medida que el concepto de hogar conectado gane tracción en el mercado local.

Más allá del teléfono: la visión de ecosistema

La estrategia de Xiaomi en Chile no se agota en la telefonía. La compañía comenzó a desplegar localmente su visión global “Human x Car x Home”, un ecosistema integrado que conecta smartphones, dispositivos para el hogar, inteligencia artificial y movilidad eléctrica bajo una misma plataforma tecnológica. En ese esquema, el smartphone funciona como centro de control de toda la experiencia digital del usuario.

Es una apuesta de largo plazo que requiere escala, infraestructura de servicio y, sobre todo, confianza de marca —algo que no se construye únicamente con lanzamientos agresivos. Para una compañía que en siete años pasó de cinco empleados a cien, y de ser percibida como una alternativa económica a disputar el segmento premium, el desafío ahora es distinto: demostrar que la velocidad de crecimiento puede sostenerse con profundidad.