Con más de 100 tiendas en Chile, tres academias de formación y la apertura de nuevos salones Mimi, la empresa de belleza presenta su nuevo logo como señal de una transformación que lleva tres años en marcha. La lideran cinco mujeres.
En 1966, Abraham Pichara abrió un pequeño local de perfumería en la calle Diagonal Cervantes 683, en Santiago. No tenía un plan de expansión escrito ni una consultora de marca. Tenía olfato comercial, productos de calidad y la convicción de que la belleza podía ser accesible. Seis décadas después, la empresa que lleva su apellido opera más de 100 tiendas a lo largo de Chile, tiene presencia en Perú, gestiona tres academias de formación profesional y anuncia este año, en el marco de su 60° aniversario, un nuevo logo que sintetiza todo lo que ha cambiado y todo lo que ha decidido conservar.
El rebranding no llegó de improviso. Es el punto visible de un proceso que comenzó hace tres años, cuando el equipo directivo —compuesto íntegramente por mujeres— emprendió una renovación sistemática de la experiencia en tiendas, la propuesta comercial y la narrativa de marca. La nueva imagen es, en ese sentido, más consecuencia que causa: la formalización de una transformación que ya estaba ocurriendo.
Un relevo con propósito
Cuando Abraham Pichara falleció en 2015, la empresa se encontró ante una encrucijada que muchas compañías familiares no logran superar: cómo hacer la transición generacional sin perder la esencia que construyó el fundador. La respuesta llegó desde adentro. Francisca Guerrero asumió como gerenta general, acompañada por Valentina Pichara en Operaciones y Comercial, Javiera Pichara en Marketing y Recursos Humanos, y Belén y Amani Pichara en las subgerencias de Comercial e Investigación y Desarrollo, respectivamente. Una conducción femenina que, lejos de ser una casualidad, refleja el espíritu de una industria —la belleza— históricamente liderada por mujeres y que ahora también lo es en sus posiciones de decisión estratégica.
“Esta nueva imagen engloba todo un proceso de renovación que se ha desarrollado de manera progresiva durante los últimos tres años”, explica Guerrero. “La actualización visual proyecta una marca más contemporánea y cercana, alineada con los desafíos actuales del negocio, pero fiel a su historia y propósito que hoy nos posicionan en la industria como referentes”.
La frase captura bien la tensión central de cualquier rebranding exitoso: actualizar sin alienar. Cambiar lo suficiente para seguir siendo relevante, pero no tanto como para perder el capital de confianza acumulado en décadas. En Pichara, ese capital se mide en fidelidad de clientes, en profesionales del rubro que se formaron en sus academias y en una presencia geográfica que va de Arica a Puerto Montt.
Tres líneas, un ecosistema
Entender el alcance del rebranding exige entender primero la estructura del negocio. Pichara no es solo una cadena de tiendas. Es un ecosistema de cuatro líneas interconectadas: la red comercial —tiendas físicas y e-commerce—, los salones Mimi, la Academia Pichara y, la más reciente, un canal B2B que la compañía lanzó en el segundo semestre de 2025 y que este año entra en fase de consolidación.
Esta nueva línea de negocios opera en la categoría de skincare y abastece a retailers de distinta escala: un córner en Paris, Jumbo —ambos parte de Cencosud—, Dermotienda, Preunic y la cadena de farmacias Ahumada. El portafolio combina marcas internacionales, entre ellas Skin 2004 de origen coreano, con desarrollos exclusivos diseñados para clientes específicos. Lo que hace relevante esta apuesta no es solo su tamaño actual, sino lo que representa estructuralmente: Pichara deja de ser únicamente un destino de compra para convertirse también en proveedor de la industria. Seis décadas de experiencia en el mercado de la belleza se transforman, así, en un activo comercial para terceros.
Este modelo integrado, que combina retail, servicios, formación y ahora abastecimiento mayorista, le otorga a Pichara una posición difícil de replicar. No compite solo por precio o por variedad de productos; compite por conocimiento acumulado y por la confianza de una red que lleva décadas construyéndose. Las academias en Santiago, Viña del Mar y Concepción no son un complemento del negocio: son parte de su ventaja competitiva.
Expansión con nuevas metas
El año del aniversario no es solo de celebración: es de aceleración. Pichara proyecta alcanzar las 120 tiendas a nivel nacional antes de que termine 2026, lo que implica la apertura de nuevos locales en un mercado de retail que, lejos de estar saturado, sigue mostrando demanda en segmentos especializados. A eso se suma la apertura de dos nuevos salones Mimi en el sector oriente de Santiago, consolidando la apuesta por los servicios de alto valor en una de las zonas de mayor poder adquisitivo de la capital.
La celebración oficial de los 60 años está programada para noviembre. Para entonces, la empresa busca que el nuevo logo ya sea reconocible en todas sus plataformas y puntos de venta. Una identidad visual coherente es, en la práctica, la forma más eficiente de hacer que una transformación interna se vuelva percepción externa.
Renovarse para los próximos 60
Pocas empresas chilenas pueden afirmar que han sobrevivido seis décadas manteniendo el nombre de su fundador y que, al mismo tiempo, han logrado profesionalizarse, expandirse y adaptarse a los cambios del consumidor sin romper su continuidad. Pichara es una de ellas. Y la decisión de renovar su imagen en el año de su aniversario no es un gesto cosmético: es una declaración de intenciones sobre los próximos 60 años.
En una industria donde la imagen lo es casi todo, la congruencia entre lo que una marca proyecta y lo que realmente es constituye su activo más duradero. Pichara ha apostado por construirla desde adentro hacia afuera. Primero transformó sus tiendas, luego modernizó su propuesta, y ahora muestra al mundo una nueva cara que, según sus líderes, no inventa una historia nueva sino que cuenta mejor la que ya existe.
