El interés de los latinoamericanos por los vehículos eléctricos crece de forma destacada, pero existe una marcada brecha en la confianza sobre sus tecnologías en la región, frente a otras como Asia Pacífico. Inchcape Américas e Ipsos develan los hallazgos del primer estudio de movilidad sostenible de América Latina.
Inchcape Américas, junto a Ipsos y con Forbes Chile como Media Partner, presentó “Motores del cambio”, una radiografía fresca del consumidor latinoamericano en plena transición hacia una movilidad más sostenible.
Moderado por la periodista Carolina Escobar, el conversatorio reunió a Laura Viegas, directora de Comunicaciones y Sostenibilidad en Inchcape Américas; José Miguel Silva, director regional de Vehículos de Nuevas Energías en Inchcape Américas; Mauricio Ramírez, gerente de Estudios de Marketing e Innovación de Ipsos Chile y Alexandre Saint-Léon, Global Service Line Leader de Ipsos Global, para desmenuzar lo que opinan los consumidores sobre la movilidad sostenible, a través de casi 6.000 encuestas realizadas entre febrero y abril de 2025 en seis países de la región y siete de Asia-Pacífico. La conclusión macro es clara: el auto propio sigue siendo el centro de la movilidad latinoamericana y su valor simbólico y práctico se fortaleció tras la pandemia. Nueve de cada 10 encuestados, de hecho, asocian la movilidad personal con libertad, acceso a educación, mejores oportunidades laborales y bienestar familiar; una promesa de calidad de vida que el transporte público o las apps aún no logran igualar.
Esa preferencia convive con una mirada favorable hacia los vehículos de nuevas energías: más del 70% de los encuestados declara simpatía por híbridos y eléctricos, especialmente por su aporte ambiental. Sin embargo, cuando la intención de compra se pone a prueba a dos años, dos tercios aún eligen combustión interna. Viegas atribuye esa brecha a tres frenos bien concretos: costo inicial elevado, infraestructura de carga insuficiente y bajo conocimiento técnico.
Lea también: Las 10 personas más ricas del mundo | Septiembre de 2025
En Latinoamérica, menos de la mitad de los consumidores dice entender con confianza las tecnologías, frente a niveles cercanos al 80% en Asia-Pacífico. La recomendación ejecutiva es obvia pero no trivial: educar al consumidor a gran escala, simplificar el mensaje y convertir la curiosidad en confianza.
Del lado de la oferta, José Manuel Silva subraya que la tecnología avanza —baterías más eficientes y en descenso de precio—, pero la aceleración real llega cuando hay reglas del juego claras. Los casos de Costa Rica (con una mayor penetración de eléctricos) y Colombia (donde se da un liderazgo en híbridos) muestran la elasticidad de la demanda cuando existen incentivos fiscales, rebajas arancelarias y una red de carga que reduzca la ansiedad por autonomía. En ese marco, el distribuidor se vuelve bisagra: entender usos reales, curar portafolios multimarcas, formar fuerzas de venta y asumir un rol pedagógico con el cliente final.
Para medir el pulso de la transición, Inchcape e Ipsos lanzaron el primer índice regional que combina expectativas, conocimiento, confianza e intención de compra en una escala de 0 a 100. El resultado de 62,4 puntos coloca a Latinoamérica en terreno positivo, pero aún lejos del techo. El valor del indicador es funcionar como línea base para seguir la evolución país por país, según madure la infraestructura, se expandan los incentivos y crezca el parque circulante de NEV que genere efecto demostración.
La mirada comparada de Saint-Léon aporta una hoja de ruta pragmática. Donde hubo continuidad de política pública, incentivos duraderos, inversión visible en infraestructura y programas de educación con test drives y talleres, la adopción de la electromovilidad despegó. Cuando los subsidios se retiraron abruptamente —como en Alemania—, las ventas cayeron. Cuando se sostuvieron y ampliaron —Noruega, China, Corea del Sur—, los eléctricos ganaron participación hasta superar la mitad del mercado en algunos casos. Adaptar esa receta al contexto latinoamericano implica, probablemente, una fase intermedia de fuerte crecimiento híbrido antes de la masificación del eléctrico puro, por razones geográficas y de red.
El estudio deja una lectura: la demanda por movilidad en la región es estructural y el auto propio continuará siendo aspiracional; al mismo tiempo, la ventana para los vehículos de nuevas energías ya está abierta. Con consumidores mayoritariamente favorables, costos tecnológicos a la baja y evidencia internacional que prueba qué funciona, el desafío es de ejecución: reglas estables que alineen incentivos, infraestructura que se vea y funcione, y pedagogía que cierre la brecha de conocimiento. Quien logre coordinar a gobiernos, energéticas, fabricantes y distribuidores no solo acelerará la transición, también capturará el próximo ciclo de crecimiento de la industria.
Puedes revisar el estudio completo aquí
Contenido auspiciado
