marzo 5, 2026
Nuestra soberanía digital no se defiende rechazando cables ni cediendo ante presiones externas. Se defiende construyendo la capacidad de analizar qué estamos aprobando antes de firmarlo. Un país que no tiene los mecanismos para evaluar de manera autónoma si una inversión en infraestructura crítica representa un riesgo, termina delegando esa decisión en otros, ya sea en Washington que revoca visas, o en Beijing que consolida dependencias.