Leídos por separado, los anuncios gubernamentales recientes parecen obras sueltas, aunque juntos describen un giro en la política industrial mexicana, con la red eléctrica como nueva condición de entrada.
De cultivo sagrado a mercancía global, el grano que dio origen a las civilizaciones latinoamericanas hoy expone las paradojas de un continente que produce más que nunca y, sin embargo, importa cada vez más.
El nearshoring es la segunda llamada que México recibe para transformar su vocación industrial. La primera, con el TLCAN, fue desaprovechada y la tercera, si llega, podría tardar un siglo.
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