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¿Tienen Rusia y Ucrania opciones de negociar tras un mes de invasión?

La guerra parece ser solo parte de un plan mayor para proteger a Rusia de le expansión de la OTAN

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Tras un mes de invasión, ¿hay opciones de que Rusia y Ucrania puedan negociar?
FOTO: EFE

El pasado 24 de febrero, tropas del ejército ruso entraron a Ucrania tras el reconocimiento de las regiones de Donetsk y Luhansk como repúblicas independientes por parte del presidente Vladimir Putin. Un mes después, el conflicto ha dejado alrededor de 3,6 millones de refugiados y casi 800 civiles muertos, según los últimos balances de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Las bajas también han sido significativas para el ejército ruso. Si bien no hay cifras oficiales, algunos tabloides rusos han reportado la muerte de casi 9.000 soldados en territorio ucraniano, eliminando instantes después sus informes, lo que ha hace pensar que el impacto entre las tropas rusas ha sido mucho mayor.

Por ello, no es de extrañar que ambos gobiernos adelanten su cuarta ronda de negociación en la actualidad. Hasta el momento, las mayores concesiones han estado ligadas a habilitar corredores humanitarios acompañados de ceses al fuego que permitan la evacuación de civiles.

Sin embargo, más allá de esos pequeños avances, es necesario preguntarse si hay una posibilidad real de negociación para un conflicto que inició con la intención de controlar Ucrania como un territorio estratégico para Rusia. Bajo esas intenciones, las esperanzas son pocas.

“No hay ninguna posibilidad de que Putin vaya a negociar. Todo lo que ha sucedido desde el principio estaba decidido para invadir Ucrania. En consecuencia, las sanciones no van a servir más que para destruir de manera muy importante la economía rusa, pero Putin no va a parar hasta que controle Ucrania”, comentó a Forbes el profesor del Seminario de Actualidad Internacional de la Universidad Pompeu Fabra (UPF), Albert Garrido.

De ahí que la Organización del Tratado de Atlántico Norte (OTAN) esté considerando dar luz verde al fortalecimiento de la frontera este de la Alianza, así como la petición del presidente ucraniano, Volodomir Zelenski, relacionada con la provisión de tanques y aviones de combate para que pueda ejercer su derecho a la legítima defensa.

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“Celebro los pasos dados por muchos aliados de proveer apoyo de Defensa a Ucrania. Entre todos, estamos comprometidos con identificar equipamiento adicional, incluyendo sistemas de defensa aérea, para ayudar a Ucrania”, indicó el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, a través de un comunicado.

El impacto de la alianza

Uno de los movimientos más importantes de los aliados se dio hoy, en medio de la cumbre extraordinaria que sostuvieron en Bruselas. Esto tras aprobar el establecimiento de cuatro nuevos batallones internacionales en Rumanía, Hungría y Eslovaquia, además de los que ya situó desde 2017 en los tres países bálticos (Lituania, Letonia, Estonia) y Polonia. El problema radica en que la OTAN ya estaría rozando sus límites de acción en este conflicto.

“No pueden hacer más porque cualquier enfrentamiento directo entre la OTAN y Estados Unidos con Rusia es la tercera guerra mundial, involucrando armas nucleares”, explicó Garrido.

Sin embargo, el profesor de Economía Internacional del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), Charles Kane, sostuvo que la tercera guerra mundial no es algo que Putin busque en este momento por lo mucho que agitaría el estado ruso, aunque no descarta un eventual uso de armas químicas si el conflicto se sigue escalando.

“No creo que Putin tenga claro de que esa sería una acción suicida. Las armas químicas no solo serían absolutamente devastadoras para la gente en Ucrania, sino que representarían los mayores crímenes de guerra desde el Holocausto”, señaló.

Aquí es necesario ahondar en las razones de Putin para invadir, más allá de su argumento inicial de las repúblicas separatistas, y es que el mandatario teme que Ucrania pueda unirse a la Unión Europea, y en última instancia a la OTAN, aspectos que está tratando de evitar de manera proactiva.

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No obstante, Kane subrayó que es demasiado controvertido admitir a Ucrania en la OTAN actualmente. “Podrías argumentar que lo hubieran hecho justo después de 1990, cuando ocurrió el colapso de la Unión Soviética. Para entonces podría haber sucedido, pero no ahora, justo después de la recuperación de Rusia a lo largo de los años”, agregó.

Los planes de Rusia

“A Putin le han salido mal varias cosas: la primera es que esperaba que fuese una guerra corta y no lo es, la segunda es que no creía que hubiese una unidad de acción tan firme en la Unión Europea, y en tercer lugar, no esperaba que el gobierno ucraniano tuviese la capacidad de respuesta que ha tenido”, afirmó Garrido.

A pesar que ello, el experto no ve a Putin en actitud de negociar, sobre todo si se tiene en cuenta que la invasión a Ucrania es solo una fase en un plan mayor del mandatario ruso para proteger a su nación de la OTAN. Para ello, necesita reestablecer un área de seguridad que también involucraría a países como Georgia o Moldavia.

“Hay el riesgo de que, después de Ucrania, la operación se dirija a la neutralización de un Estado soberano como Moldavia, que formó parte de la Unión Soviética hasta su descomposición en diciembre de 1991. Luego esto va a ser este mismo pase en Georgia, sumado a la intervención de Rusia hace unos meses en Kazajistán”, recalcó Garrido.

Este mecanismo de construcción de un buffer zone entre la OTAN y Rusia tiene un factor adicional, y es que la única salida al mar que tiene Rusia por el sur es a través del sistema de estrechos turcos que conectan al mar Negro con el mar de Mármara y con la salida al mar Egeo. Ahí toma relevancia Turquía, miembro de la OTAN, pues si finalmente se cierra por completo a los barcos rusos, se le complicarían las cosas a Putin.

Más importante aún, hay que resaltar que un sistema similar al de una nueva Unión Soviética no sería viable en la actualidad, ya que el mundo pasó de un sistema bipolar a uno triangular ante la irrupción tecnológica y militar de China. De hecho, una de las opciones para que el conflicto ruso-ucraniano no se prolongue aún más es que China tenga un papel activo de intermediación.

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Hay que mencionar que, en la última votación del consejo de seguridad de la ONU sobre la invasión en Ucrania, China se abstuvo de emitir un concepto al respecto. Pese a que se le ha considerado un aliado histórico de Rusia, Garrido destacó que es más adecuado llamarlos socios estratégicos.

“A China le incomoda mucho esta guerra, entre otras razones, porque el 33% de las exportaciones chinas en Europa está frente a Rusia, y el gobierno chino necesita tener a los europeos tranquilos para evitar vez más inconvenientes al desembarco de las inversiones chinas en Europa”, comentó.

De ahí que el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, solicitara a China que se abstuviera de respaldar el esfuerzo bélico de Rusia en Ucrania, así como de dar asistencia a Moscú para esquivar las sanciones internacionales impuestas por la agresión a su vecino.

“Nuestro mensaje a China es que debería unirse al resto del mundo y condenar claramente la brutal guerra contra Ucrania, y no apoyar a Rusia, ni con apoyo económico ni con, por supuesto, apoyo militar”, afirmó en una rueda de prensa al término de la cumbre convocada de urgencia para abordar la situación en Ucrania.

Panorama económico

Para nadie es un secreto que la economía rusa está muy golpeada. El valor del rublo está a la mitad de lo que estaba antes de empezar la guerra, la bolsa de de Moscú está cerrada desde el lunes siguiente al inicio de la guerra, y las reservas del Banco Central Ruso, que llegaban a US$ 630.000 millones, se redujeron a la mitad, pues perdieron el 50% que estaba en bancos extranjeros.

A eso hay que sumarle que los bancos no pueden operar tras la expulsión de Rusia del sistema Swift, así como por la salida de Visa, Mastercard y American Express. Al mismo tiempo, las calificadoras de riesgo ya han puesto a la deuda rusa en calificación basura, así como a sus bonos, lo que ahoga cualquier posibilidad de recibir inversión extranjera.

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De momento, Rusia sigue vendiendo petróleo y gas a China y a Europa, contando con dicho ingreso como su fuente principal en la actualidad, y que se mantiene por una razón muy sencilla: tienen la conexión con una relación que ha sido una necesidad en el caso del viejo continente, sobre todo en invierno.

Sin embargo, ya hay un plan en marcha desde la Unión Europea para que, entre abril y mayo, se acumulen suficientes reservas de gas para que se pueda afrontar el invierno próximo sin la conexión necesaria con Rusia. Si la cosa sale bien, sus únicos compradores serían los chinos, por lo que Putin no podrá seguir sosteniendo esta guerra hasta cuando quiera.

“El problema de la Unión Europea es que debe acumular reservas con gas licuado que se regasifica en plantas como las siete que hay en España una en Portugal dos que hay en Holanda. Esto encarece el precio del gas porque hay un proceso industrial por el medio, y además porque el gas licuado que proviene Estados Unidos, Argelia y Oriente Medio aumenta aún más el valor”, destacó Garrido.

Por su parte, Kane comentó que el resto de su economía es una prueba perfecta del colapso en el interior del país, porque son dependientes de las fuentes internacionales. “Sin petróleo, no podrían comprar esas fuentes internacionales. Su economía depende del petróleo, pero si cortas esa fuente de ingresos en Rusia, inmediatamente no tendrán capacidad de exportación y su economía colapsará”, concluyó.

Se podría pensar que, económicamente hablando, Putin está acorralado, pero su obsesión por defenderse de la OTAN y crear ese corredor de protección serían su prioridad antes que buscar una resolución pacífica, sobre todo si se tiene en cuenta que las fuerzas armadas de Rusia cuentan con 2,5 millones de hombres disponibles, sin incluir a las Fuerzas Especiales.

Ante este panorama, el primer mes de guerra que hemos visto hasta ahora puede ser apenas el comienzo de un conflicto que puede alargarse mucho más y en el que cada movimiento, por pequeño o grande, puede amenazar con llevar el enfrentamiento a una escala aún mayor.

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