El investigador chileno Matías Ramírez ha trabajado durante un año y medio con la organización filantrópica Wizz Academy for Nature en la identificación de las causas de la deforestación de Madre de Dios. Dice que las ciudades amazónicas serán las zonas de innovación del futuro. En esta entrevista, habla de los hallazgos y el potencial para resolver el problema.

La deforestación no da tregua en Perú. Se trata de una crisis de larga data. De hecho, desde 1985 ha causado la pérdida de más de 88 millones de hectáreas en la Amazonía, equivalentes al 12,5% de cobertura original, según datos del Centro Nacional de Planeamiento Estratégico (Ceplan).

Ante ello, desde hace un año y medio, la Unidad de Investigación de Políticas Científicas (SPRU, por sus siglas en inglés) de la Escuela de la Negocios de la Universidad de Sussex (Reino Unido) y la organización filantrópica Wizz Academy for Nature están trabajando en la búsqueda de una solución ‘sistémica’ al problema.

Detrás de la iniciativa está el doctor en innovación tecnológica Matías Ramírez, investigador de SPRU. Nacido en Chile, el experto ha trabajado con organizaciones de la ciudad de Puerto Maldonado, en Madre de Dios, para determinar «rutas de transición» para reducir las dependencias del extractivismo forestal. Lo ha hecho a través de la metodología de ‘innovación transformativa’, que –como explica Ramírez– busca resolver los problemas desde un punto de vista sistémico.

A fines de agosto pasado, Ramírez visitó Perú para presentar el proyecto (cuyos resultados han sido publicados en un paper) en una reunión a puerta cerrada con expertos del sector público y privado. Forbes conversó con él sobre los hallazgos de la investigación.

¿Cómo surge su interés en investigar las causas de la deforestación en la Amazonía?

Wyss Academy of Nature es una organización filantrópica, con sede en Suiza, que realiza trabajos sobre la deforestación en Asia y África. Se acercó a la SPRU para desarrollar estrategias más transformativas para enfrentar el problema de la deforestación. Es decir, los enfoques existentes y actuales eran proyectos individuales y no estaban haciendo frente [al problema de la deforestación]

¿Qué es y cómo aplicaron la ‘innovación transformativa’?

Una de las características de la innovación transformativa es que ve a los problemas como sistemas. Entonces, una de las cosas que hicimos fue tratar de entender cómo se conformó el sistema de deforestación en la Amazonía. Es decir, [identificar] todas las infraestructuras, tecnologías, narrativas, políticas y regulaciones que apoyaron prácticas que llevaron a la deforestación. Cambiar eso va mucho más allá de hacer un proyecto por aquí y otro por allá. Hay que ver cómo cambiar ese sistema. Para ese fin hemos escrito un paper.

Como parte la investigación, Ramírez realizó talleres con productores agrícolas y actores de política pública de Madre de Dios. Foto: Wyss Academy for Nature – Alex Huarecallo

¿Qué logros han alcanzado?

Lo que hicimos fue definir cuáles podrían ser las rutas de transición para entender cómo romper la dependencia en el extractivismo y la deforestación. El resultado en este momento es un análisis de estrategia para definir en dónde invertir los esfuerzos [que permitan] la transformación de esta región.

¿Qué rutas han identificado para solucionar el problema? 

Definimos fueron tres rutas que podrían parar la deforestación. La primera es la ruta de optimización, en la que se trata de optimizar el sistema actual sin cambiarlo. Esto requiere menos esfuerzo y ruptura. Por ejemplo, se introducen tecnologías de monitoreo. No se cambia el sistema, sino que lo optimiza. La segunda ruta tiene que ver con el capital natural. Se le pone un precio a la flora y la fauna y se le paga a la gente para no deforestar. Esto puede tener resultados porque empieza a generar una infraestructura y una narrativa. Pero para que funcione se requieren instituciones fuertes y uno de los problemas que tiene la Amazonía es que no las tiene. Hay mucha ilegalidad e informalidad. Los créditos de carbono son buenos en principio, pero hay fallas de mercado, porque no llegan a la gente de manera adecuada. La tercera ruta –a la que llamamos la ruta regenerativa– explora cómo la gente puede hacer una vida buena regenerando el bosque y no extrayendo [recursos] de él. Estamos tratando de preguntarnos cómo podemos fortalecer esta ruta regenerativa a través de servicios ecosistémicos, nuevas tecnologías e inversiones en esta área o rutas que conduzcan hacia prácticas que causen menos daño [al entorno].

En el caso de la tercera ruta, ¿qué tipos de prácticas regenerativas mapearon?

En el paper, tenemos tres casos: los castañeros, que dependen de un árbol y medioambiente sanos; y los productores que desarrollan agricultura sintrópica, que en vez de tener una relación extractivista tratan de adecuarse a las condiciones de terreno y clima locales. Se busca enriquecer la diversidad de la zona y replicar las condiciones de biodiversidad de un bosque tropical. El tercer caso –que es un poco más controvertido– es el de un grupo de mujeres mineras, a quienes se les dio en concesión un área. Ellas replantaron el bosque después de que se hizo un daño al árbol y no usan mercurio. Lo que une los tres casos es el compromiso de las asociaciones y las empresas con el territorio. Cuando hay un compromiso con el territorio, la gente entiende que tiene que haber un futuro. En esa situación está mucho más abierta a introducir prácticas, innovaciones y medidas que cuiden el entorno y medioambiente.

¿Cómo cree que se puede aterrizar esta visión para frenar la deforestación?

Implica mirar qué organizaciones intermediarias pueden ayudar a hacerlo, pueden ser gremios o empresarios; comenzar a crear instituciones que destaquen a esta zona por el desarrollo de sus buenas prácticas. Estamos discutiendo cómo las ciudades amazónicas pueden generar y liderar procesos de sostenibilidad a través de mejores usos del agua, la energía y los alimentos. Esas van a ser las zonas de innovación del futuro.

¿Qué nivel de inversión supone este cambio?

Es una inversión grande. La transformación de un sistema requiere un compromiso más grande que un proyecto. Hay dos tipos de inversión. Por un lado, una inversión en ideas, ya que hay un sistema que hay que cambiar. Eso no [demanda] tanta plata. Tiene que ver con el compromiso y las visiones, con pensar de manera diferente. Luego, [hay que] crear subsidios y regulaciones para orientar la inversión. [Cabe indicar que en la investigación para reducir o revertir procesos de deforestación entre el SPRU y Wizz Academy for Nature se invirtieron 150.000 dólares, según informó Ramírez].

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