La minería del futuro requerirá más tecnología, coordinación y capacidades especializadas, lo cual no significa necesariamente más centralización. El desafío está en capturar los beneficios de la escala sin perder conocimiento local, capacidad de adaptación y responsabilidad clara por los resultados.
El sector minero ha transitado en los últimos años entre dos extremos: centralizar funciones y decisiones para capturar escala, o devolver autonomía a las operaciones para ganar velocidad y flexibilidad. El problema es que estos cambios suelen responder a presiones coyunturales, sin una reflexión profunda sobre dónde se genera realmente el valor.
Según el último análisis “Operating Models in Mining: Start at the Asset”, realizado por Bain & Company y que comparó los modelos operativos de las 16 mayores compañías mineras globales con los de 1.300 de las empresas más grandes del mundo, la industria presenta fortalezas en claridad estratégica, estructura organizacional y disciplina de procesos, pero mayores desafíos en inspiración y adaptabilidad.
Este contraste es relevante. La minería no parece tener problemas para crear estructuras y procesos, pero sí enfrenta el riesgo de alejar la toma de decisiones de quienes conocen mejor las restricciones y oportunidades de cada operación.
Sin duda que el valor se genera en el activo. Cada faena combina una geología, equipos, fuerza laboral, infraestructura y cuellos de botella propios. Por eso, las capacidades que impactan directamente el desempeño deberían permanecer lo más cerca posible de la operación, con derechos de decisión claros y responsabilidad directa por los resultados.
Esto no significa rechazar la centralización. Compartir capacidades puede generar beneficios cuando existe escala, procesos altamente repetitivos o conocimiento especializado escaso, lo cuales deberían ser excepciones justificadas y no el punto de partida.
Este debate adquiere especial importancia en un escenario donde la minería enfrenta yacimientos más complejos, mayores exigencias de productividad, presión sobre costos y una necesidad creciente de adaptarse rápidamente. Lo mismo ocurre con nuevas tecnologías como la inteligencia artificial. Aunque no reemplaza el conocimiento específico de cada faena, la IA sí puede ampliar la capacidad de analizar información y apoyar decisiones en el rediseño de procesos, la seguridad o el desarrollo de nuevos proyectos.
La minería del futuro requerirá más tecnología, coordinación y capacidades especializadas, lo cual no significa necesariamente más centralización. El desafío está en capturar los beneficios de la escala sin perder conocimiento local, capacidad de adaptación y responsabilidad clara por los resultados. Porque en minería, el punto de partida debería seguir siendo el mismo: comenzar por el activo.
Sobre el autor:
Felipe Gattass, Socio y especialista en práctica de Minería de Bain para Sudamérica.
Las opiniones expresadas son solo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Chile.
