Tradicionalmente, la visión corporativa y el pulso de los negocios en nuestro país proviene desde Santiago. Hemos construido una suerte de “burbuja confortable” desde donde analizamos, diagnosticamos, evaluamos y diseñamos modelos de inversión o desarrollo; sin embargo, mirar sólo desde esa ventana implica una ceguera estratégica, porque fuera de la capital existe un país dinámico […]
Tradicionalmente, la visión corporativa y el pulso de los negocios en nuestro país proviene desde Santiago. Hemos construido una suerte de “burbuja confortable” desde donde analizamos, diagnosticamos, evaluamos y diseñamos modelos de inversión o desarrollo; sin embargo, mirar sólo desde esa ventana implica una ceguera estratégica, porque fuera de la capital existe un país dinámico y lleno de oportunidades, a la espera de ser descubierto por quienes tengan la valentía de mirar más allá de lo evidente.
Mientras las discusiones de escritorio se concentran en métricas macroeconómicas, a lo largo de todo el territorio presenciamos cómo se gestan industrias estratégicas de clase mundial, desde energías limpias hasta acuicultura sostenible o innovación agroalimentaria.
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En regiones el verdadero problema no es la falta de oportunidades, sino que esa mirada centralizada impide conectar adecuadamente los recursos con el potencial territorial, sofocando proyectos que podrían cambiar la trayectoria económica de Chile.
El desarrollo de ecosistemas de alta productividad no se logra con visitas por el día ni asesorías a distancia; requiere personas con mentalidad global y rigor técnico que decidan echar raíces en el territorio. Cuando un profesional calificado se instala en una región, la diferencia es radical: se impulsa la innovación local, se acelera el crecimiento de los negocios y hay un impacto directo en la economía local.
Desde nuestra experiencia en el sur austral, constatamos a diario que el capital inteligente no le teme a la distancia geográfica, sino al distanciamiento con la realidad productiva. Desarrollar fondos de inversión, infraestructura y negocios desde el territorio nos permite entender las dinámicas locales, reaccionar con agilidad y desplegar soluciones desde el origen.
El desafío que tenemos por delante es fundamentalmente una invitación a romper
paradigmas, salir de la burbuja y explorar horizontes no convencionales. La
descentralización competitiva de Chile no vendrá impulsada únicamente por decretos de ley,
sino por el liderazgo de personas y empresas capaces de ver valor donde otros sólo ven
distancia.
Es momento de entender que el futuro de los grandes negocios y el crecimiento económico de Chile va de la mano del talento y la fuerza transformadora presente en cada una de sus regiones.
Sobre el autor:
Anton Felmer es director de Südlich Capital SA,
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Chile.
