De acuerdo al estudio “Chile Nos Habla”, el 70% de las empresas en Chile declara estar implementando IA, ya sea en fase piloto o en un mayor nivel de desarrollo, y las áreas donde más se aplica son Tecnología (55%), seguida por Desarrollo de Productos (48%) y Operaciones y Logística (47%).

La inteligencia artificial cambió la automatización corporativa porque dejó de crear valor al ejecutar tareas y empezó a crearlo al liberar mejores decisiones. De esta forma, la presión por reducir costos durante el segundo semestre llevará a muchas empresas a acelerar proyectos de IA, pero una parte importante seguirá midiéndolos por las horas de trabajo que automatizan y no por el valor adicional que permiten generar.

La automatización clásica tuvo siempre una frontera clara entre lo que ejecutaba el sistema y lo que resolvían las personas. La inteligencia artificial amplía ese límite porque aprende a manejar situaciones que antes requerían intervención humana.

Asimismo, ahora gracias a esta tecnología los equipos ganan tiempo para profundizar decisiones comerciales o estratégicas que impactan al negocio y eso también optimiza tiempos de respuesta y mejora resultados.

Chile ya entró en esa etapa: de acuerdo al estudio “Chile Nos Habla” de la Universidad San Sebastián en conjunto con la consultora Innspiral y la Asociación Chilena de Empresas de Tecnologías de la Información (ACTI), el 70% de las empresas en Chile declara estar implementando IA, ya sea en fase piloto o en un mayor nivel de desarrollo, y las áreas donde más se aplica son Tecnología (55%), seguida por Desarrollo de Productos (48%) y Operaciones y Logística (47%). Sin embargo, la misma investigación indica que, aunque el interés por la IA es alto, su adopción estratégica en las empresas chilenas es incipiente porque se mantienen procesos donde la toma de decisiones sigue dependiendo de la intervención humana.

En ese sentido, dos organizaciones pueden invertir en la misma tecnología y obtener resultados completamente distintos. La primera automatiza las tareas administrativas del área y recupera horas de trabajo. Mientras que la segunda usa inteligencia artificial para detectar las brechas de aprendizaje de cada persona y decidir cómo responder a ellas. El tiempo liberado es similar, pero en el segundo caso se aplica a decisiones más informadas sobre qué capacidades necesita construir la organización para llegar a resultados medibles.

La capacitación también cambia con esa lógica, porque antes se entrenaba a las personas para ejecutar el proceso, ahora se las forma para juzgar lo que el sistema produce y decidir cuándo intervenir. Esa distinción determina si la tecnología mejora con el equipo o se estanca en su implementación inicial.

Las empresas que obtengan mejores resultados en los próximos años serán las que ya miden su automatización por el valor que libera, y que construyen las capacidades internas para aprovecharlo. Esa es la diferencia que está redefiniendo la productividad mucho más que la tecnología misma.

Ese equilibrio también desmitifica el efecto de la IA sobre el talento, porque la tecnología potencia a las personas cuando las descomprime tareas para enfocarse en las decisiones que más importan, y esa combinación produce una velocidad de respuesta estratégica que solo es posible cuando el criterio humano y el sistema operan juntos.

Sobre el autor

Juan Luis Calvo es Director Comercial de Apiux Tech.

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