Cada vez se genera más información fuera de los centros de datos: en faenas mineras, plantas industriales, sucursales, centros logísticos, cámaras y sensores distribuidos por toda la operación. Ahí ocurren los eventos que afectan la seguridad de las personas y la continuidad de los procesos.
Durante años, la transformación digital estuvo asociada a la centralización. Las aplicaciones migraron a la nube, los datos se concentraron en grandes plataformas y las organizaciones aprovecharon economías de escala que cambiaron su forma de operar. Ese modelo sigue siendo fundamental, pero hoy encuentra nuevos límites.
Cada vez se genera más información fuera de los centros de datos: en faenas mineras, plantas industriales, sucursales, centros logísticos, cámaras y sensores distribuidos por toda la operación. Ahí ocurren los eventos que afectan la seguridad de las personas y la continuidad de los procesos.
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El desafío va más allá de capturar esa información, ahora debemos convertirla en decisiones en tiempo real. Una alerta de seguridad, una anomalía operacional o una falla inminente generan valor cuando se detectan y gestionan en el momento. Si la respuesta depende de enviar los datos a cientos o miles de kilómetros para procesarlos, gran parte de ese valor se pierde. En operaciones críticas, unos minutos (a veces unos segundos) deciden el resultado.
Por eso el movimiento se está invirtiendo. Durante años llevamos los datos hacia donde estaba la capacidad de procesamiento. Hoy empezamos a llevar el procesamiento, la analítica y la inteligencia hacia donde nacen los datos. No se trata de reemplazar la nube. La nube seguirá siendo el lugar para consolidar información, entrenar modelos y escalar aplicaciones corporativas. Pero a medida que la IA, la automatización y la analítica en tiempo real entran a los procesos productivos, las organizaciones también necesitan capacidad de respuesta cerca de la operación.
No es una adopción aislada; estamos ante una aceleración masiva. Según las proyecciones de Gartner, más de dos tercios de todas las empresas a nivel mundial implementarán IA en el borde de la red (Edge AI) para 2029, un salto exponencial si consideramos que en 2025 representaba apenas el 10%. La nube seguirá siendo el cerebro, pero cada vez más empresas van a necesitar reflejos en el borde.
Esta transformación está movilizando miles de millones de dólares a nivel global. De acuerdo con un informe de Global Market Insights Inc., se prevé que el mercado de computación perimetral crezca desde los 28.500 millones de dólares estimados para 2026 hasta alcanzar los 263.800 millones de dólares en 2035. Este ritmo representa una tasa de crecimiento anual compuesta (CAGR) del 28%, impulsada principalmente por la expansión del Internet Industrial de las Cosas (IIoT) y la creciente necesidad de procesar análisis de datos y analítica en tiempo real en los sectores productivos.
Para sectores clave como la minería, la energía, el retail o la manufactura, esto tiene consecuencias concretas. Menos dependencia de los enlaces de conectividad en procesos críticos, respuesta más rápida ante eventos operacionales y automatización donde efectivamente se genera el valor.
Acercar inteligencia a la operación obliga a resolver un problema menos visible: contar con infraestructura capaz de sostener procesamiento, conectividad, seguridad y operación continua en entornos que muchas veces se diseñaron para otra cosa. Espacios reducidos, condiciones ambientales duras, limitaciones de energía y disponibilidad permanente no son detalles; son la cancha donde hay que jugar.
Afortunadamente, la tecnología está evolucionando para responder a estas exigencias físicas. Según Gartner, para 2029, la capacidad de cómputo por nodo en los dispositivos periféricos integrados aumentará cinco veces respecto a los niveles de 2026, logrando el hito de mantener estable el consumo de energía. Este despliegue no es solo un reto tecnológico, sino también organizacional y de gobernanza interna. El mismo análisis anticipa que para 2030, las áreas de Infraestructura y Operaciones (I&O) compartirán la responsabilidad del 80% de las implementaciones de computación perimetral (frente al 10% en 2025), trabajando de la mano con los equipos de tecnología operativa (OT) bajo nuevas estructuras de colaboración.
Durante años nos preguntamos dónde debían vivir las aplicaciones. Hoy la pregunta es otra: ¿dónde se toman las decisiones? En una economía movida por datos e IA, la ventaja está en convertir esa información en acción donde y cuando más pesa.
Sobre el autor
Gonzalo Méndez es Gerente de Servicios Tecnológicos y Productos TI de Entel Digital
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