Somos el principal productor mundial de cobre y uno de los actores más relevantes en litio. Nuestros distritos mineros poseen escala, calidad geológica y experiencia técnica. Pero el liderazgo histórico no es garantía de futuro.

La economía global se encuentra en una fase donde los minerales críticos dejaron de ser un asunto sectorial para transformarse en un eje estratégico. La transición energética, la electromovilidad, la expansión de redes eléctricas, la digitalización y la inteligencia artificial dependen, en última instancia, de cobre, litio y otros recursos cuya oferta tiene dificultades para crecer al mismo ritmo que la demanda proyectada.

Hoy el desafío no es conceptual, sino operativo. Los países consumidores exigen mayor volumen, trazabilidad y menores impactos ambientales. Al mismo tiempo, los países productores enfrentan crecientes exigencias regulatorias, restricciones hídricas, mayores costos y una competencia global intensa por atraer capital. La brecha entre ambición climática y capacidad productiva se ha convertido en una de las principales tensiones económicas de la década.

En este nuevo escenario, Chile ocupa una posición privilegiada. Somos el principal productor mundial de cobre y uno de los actores más relevantes en litio. Nuestros distritos mineros poseen escala, calidad geológica y experiencia técnica. Pero el liderazgo histórico no es garantía de futuro. La inversión fluye hacia jurisdicciones que ofrecen mayor competitividad, junto con estabilidad normativa, eficiencia institucional y reglas claras de largo plazo.

La buena noticia es que la minería chilena ha avanzado de manera significativa. Mayor automatización, uso creciente de energías renovables, desalación y recirculación de agua, incorporación de tecnología avanzada y mayor participación femenina muestran que es posible producir más y mejor. Esta transformación ha contribuido a reposicionar a la minería como actividad estratégica para el desarrollo del país, con amplio reconocimiento político y social.

Además, contamos con un consenso transversal, y es que Chile necesita más minería para sostener su crecimiento, fortalecer su recaudación fiscal y responder a la demanda global de minerales críticos. Pero ese consenso debe traducirse en ejecución, en agilizar la tramitación de proyectos sin debilitar los estándares ambientales, incentivar la exploración, y dotar de mayor certeza jurídica a las grandes inversiones.

Resulta fundamental modernizar los marcos regulatorios que hoy generan incertidumbre y revisar iniciativas que puedan afectar la competitividad del sector.

El mundo avanza con rapidez en la consolidación de cadenas de valor estratégicas y la carrera por asegurar suministro es explícita y de largo plazo. Chile tiene una ventana de oportunidad histórica para consolidar su liderazgo en cobre y desarrollar plenamente su potencial en litio, aportando de manera decisiva a la transición energética global.

El futuro del país, en buena medida, está bajo tierra. Extraerlo con excelencia técnica, responsabilidad socioambiental y visión estratégica no es solo una opción económica: es una decisión de desarrollo. La oportunidad existe y aprovecharla depende de nuestra capacidad de actuar con convicción y coherencia.

Por Joaquín Villarino

*El autor es presidente Ejecutivo del Consejo Minero, asociación gremial que reúne a las empresas mineras de mayor tamaño que producen en Chile.

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