El país es actualmente el segundo mercado de América Latina en capacidad instalada de data centers, con 37 instalaciones operativas y decenas de proyectos en desarrollo. La industria proyecta inversiones superiores a los US$4.000 millones hacia 2028.
En los próximos años, miles de millones de dólares en inversión tecnológica buscarán destino en distintas regiones del mundo. El crecimiento de la inteligencia artificial, el supercómputo y los servicios digitales están impulsando una nueva carrera global por atraer infraestructura digital. En ese escenario, los data centers se han convertido en uno de los activos más estratégicos para el crecimiento económico de los países.
La competencia ya está en marcha. Brasil lanzó recientemente el programa ReData, que contempla incentivos tributarios específicos para proyectos de data centers con el objetivo de captar parte de las inversiones globales que hoy buscan ubicaciones competitivas. Colombia, por su parte, también ha impulsado políticas para atraer infraestructura digital mediante incentivos a la inversión tecnológica.
Lee también: Justicia ambiental da luz verde al proyecto de data center de Amazon en Huechuraba
Detrás de estas iniciativas hay una lógica clara: los países están compitiendo activamente por atraer capital tecnológico. Quienes ofrezcan mejores condiciones para la inversión capturarán una parte relevante de la infraestructura que sostendrá la economía digital en las próximas décadas.
Chile tiene hoy una oportunidad única y concreta en esa competencia. El país es actualmente el segundo mercado de América Latina en capacidad instalada de data centers, con 37 instalaciones operativas y decenas de proyectos en desarrollo. La industria proyecta inversiones superiores a los US$4.000 millones hacia 2028, reflejo del creciente interés por desarrollar infraestructura digital en el país.
Se trata de proyectos intensivos en capital que generan efectos económicos mucho más allá de la infraestructura misma. Los data centers permiten operar servicios financieros digitales, comercio electrónico, inteligencia artificial y buena parte de la transformación tecnológica de empresas y del Estado.
La adopción de servicios de nube pública, que dependen directamente de esta infraestructura, ya representa cerca del 6,2% del PIB nacional, lo que muestra hasta qué punto la economía digital depende de esta base tecnológica.
Pero en una industria donde el capital se mueve rápido y la competencia es global, las ventajas naturales no siempre son suficientes. Las decisiones de inversión también dependen de señales claras: reglas predecibles, coordinación institucional y procesos de autorización razonables.
Chile tiene condiciones para consolidarse como hub digital en la región. En un contexto donde otros países avanzan activamente para atraer estas inversiones, ofrecer un entorno competitivo y claro será clave para capturar esta oportunidad.
Por Natalia López Céspedes,
*Es gerente general de Chile Data Centers
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Chile.
