La ciberseguridad necesita talento diverso, pensamiento estratégico y liderazgo humano.

No hay duda de que, en la última década, el avance en representación femenina en el mundo de la ciberseguridad ha sido significativo. Hace diez años era poco habitual ver mujeres liderando áreas de ciberseguridad o resiliencia. Hoy no solo estamos presentes, sino que ocupamos posiciones estratégicas, participamos en comités de crisis, lideramos transformaciones regulatorias y dirigimos equipos multidisciplinarios.

La industria entendió algo clave: la ciberseguridad no es solo tecnología, es gestión, estrategia, análisis de riesgos y liderazgo. Y en ese espacio, la diversidad aporta valor real. Equipos con miradas distintas toman mejores decisiones. Aún queda camino por recorrer, pero el cambio cultural es evidente y sostenido.

Pero el camino no es fácil. Yo no partí liderando; partí aprendiendo. Me involucré en proyectos, estudié estándares internacionales como ISO/IEC 27001 e ISO 22301, asumí responsabilidades adicionales y, sobre todo, entendí el negocio más allá de la tecnología.

Abrirse camino implica tres cosas: preparación constante, valentía para asumir desafíos y capacidad de construir redes. No fue un crecimiento inmediato, fue progresivo. Cada proyecto, auditoría, cada crisis gestionada fue una instancia de aprendizaje. Con el tiempo, las oportunidades llegan cuando uno demuestra consistencia, criterio y liderazgo.

¿Hay un origen común para avanzar hacia la ciberseguridad? No. Se puede venir desde ingeniería, informática, ingeniería comercial, derecho, auditoría o incluso desde áreas operativas. La ciberseguridad y la resiliencia son campos transversales. Sin embargo, para formarse es vital seguir tres pilares: formación técnica básica en seguridad de la información, ciberseguridad, resiliencia, crisis, gestión de riesgos, etc.; conocimiento de estándares y marcos internacionales, que entregan estructura y credibilidad; y desarrollo de habilidades blandas: comunicación, liderazgo, gestión de crisis y toma de decisiones bajo presión.

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Hoy el sector ofrece múltiples certificaciones, diplomados y especializaciones. Pero tan importante como el estudio, es la curiosidad permanente. Este es un mundo que cambia todos los días. Las amenazas evolucionan, las regulaciones cambian, las tecnologías avanzan. 

Es desafiante liderar en contextos de incertidumbre. En una crisis cibernética no hay manual perfecto: hay análisis, criterio y decisiones oportunas. Pero esa exigencia es también lo que lo hace apasionante. Es un sector donde no te aburres. Cada día trae algo nuevo que aprender, fortalecer o innovar.

A las próximas generaciones les digo que se atrevan. Que no se autoexcluyan pensando que la ciberseguridad es un mundo demasiado técnico. La ciberseguridad necesita talento diverso, pensamiento estratégico y liderazgo humano. Y, sobre todo, les digo que construyan redes, que compartan conocimiento, que celebren los logros de otras. El crecimiento profesional no es solo individual; también es colectivo.

Sobre la autora

Jacqueline Pino es Gerente de Cybersecurity & Resilience en Cybertrust Latam

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