El 2026 se perfila como un año decisivo para las organizaciones, marcado por un escenario cada vez más desafiante donde confluyen el crecimiento de las amenazas digitales, un año regulatorio más exigente y expectativas crecientes por parte de clientes, inversionistas y stakeholders.

El 2025 evidenció la aceleración de las amenazas digitales y el ritmo creciente de la transformación tecnológica y, con esto, la resiliencia en ciberseguridad se consolidó como uno de los pilares estratégicos fundamentales para la supervivencia de las empresas. Ya no basta con “prevenir”: es necesario prepararse para resistir, recuperarse y adaptarse ante incidentes. En ese contexto, durante 2026, la apuesta por la resiliencia será una decisión clave para garantizar continuidad, confianza y competitividad.

Gran parte de las empresas que sufre un ciberataque importante termina cerrando dentro de los tres años siguientes. Como si esto fuera poco, apenas un 30% de las organizaciones cuenta con un plan formal de continuidad de negocio ante incidentes cibernéticos. Esto significa que muchas compañías están operando casi sin red: sin planificación, sin capacidad real de recuperación y, por tanto, con su futuro en riesgo.

La seguridad tradicional (focalizada en evitar ataques) ya no es suficiente. El paradigma está cambiando hacia un enfoque más amplio: la resiliencia. Esto implica no sólo prevenir, sino también diseñar la capacidad de recuperarse rápidamente, adaptarse, aprender y volver a operar con la menor interrupción posible. 

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Para ello, las empresas deben integrar tres dimensiones críticas: tecnología: monitoreo continuo, respaldos seguros, detección temprana y recuperación automatizada; procesos: planes de continuidad, protocolos claros (qué hacer, cuándo, quién responde), simulaciones, revisión periódica y cumplimiento de normativa vigente; y personas: capacitación constante, conciencia sobre riesgos, roles definidos en caso de incidente y cultura de seguridad. 

El 2026 se perfila como un año decisivo para las organizaciones, marcado por un escenario cada vez más desafiante donde confluyen el crecimiento de las amenazas digitales, un año regulatorio más exigente y expectativas crecientes por parte de clientes, inversionistas y stakeholders. En este contexto, las empresas deben avanzar hacia la resiliencia, a través de cinco acciones clave. 

La primera es realizar un diagnóstico de vulnerabilidades y procesos críticos. Mapear qué sistemas, datos o procesos son esenciales, evaluar riesgos y cuantificar impacto potencial.

En segundo lugar, es clave impulsar un diseño e implementación de un plan formal de continuidad de negocio, que contemple escenarios de crisis, responsabilidades, respaldos, recuperación, comunicación interna y externa, y roles claros.

La tercera acción clave es la capacitación permanente del equipo. No basta con antivirus o firewalls: la “primera línea de defensa” son las personas —phishing, errores humanos, malas configuraciones—. Una cultura de seguridad debe ser transversal.

En cuarto lugar, es clave el monitoreo y la automatización de respuesta. Sistemas de detección, alertas tempranas, backups constantes y redundancia en infraestructuras.

Finalmente, las empresas deben realizar una revisión, actualización y pruebas periódicas. Los planes de resiliencia no deben ser estáticos; es necesario evolucionar con la organización, la tecnología y el panorama de amenazas.

Prevenir ya no basta , hoy, sobrevivir y prosperar requiere preparación, agilidad y resiliencia.

* José Antonio Lagos es CEO de Cybertrust Latam