Chile necesita volver a crecer y la minería es una de las palancas centrales para lograrlo.
Este 2026, la minería chilena se encuentra en un punto de inflexión. Por un lado tenemos el contexto internacional, marcado por la transición energética, la demanda por minerales críticos y la reconfiguración de las cadenas globales de suministro. A nivel interno, existe un debate político respecto del rol del Estado, la certeza jurídica, la relación con los territorios y la urgente necesidad de reactivar el crecimiento. En este contexto, el nuevo gobierno que asumirá en marzo enfrentará varios desafíos que pueden tener a la minería como una aliada estratégica, en especial si se abordan sus prioridades con una mirada integral y de largo plazo.
El primero de los retos del sector debiera ser la recuperación de la certeza jurídica y regulatoria. Durante los últimos años, Chile ha enviado señales ambiguas a los inversionistas debido a cambios en las normativas, extensiones excesivas de procesos de evaluación ambiental, judicialización de proyectos estratégicos y una creciente incertidumbre respecto de la estabilidad de las reglas del juego. Un nuevo ciclo político debería asumir que la inversión minera requiere horizontes de largo plazo y reglas claras y para ello, es fundamental compatibilizar los estándares ambientales con la garantía de procesos predecibles, transparentes y acotados en plazos.
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En segundo lugar, es necesario reposicionar la minería como una política de Estado, considerando su status como la principal industria productiva del país. Esperamos que en los próximos meses se promuevan acuerdos transversales que reconozcan a la minería como motor de desarrollo, empleo de calidad, encadenamientos productivos e innovación tecnológica. En el relato hay recalcar el potencial de la minería como algo mucho más allá del crecimiento económico: también aporta a la descarbonización global y el combate al cambio climático.
Una tercera prioridad estructural es la modernización del Estado en su relación con la minería. Los servicios fragmentados y la falta de coordinación han generado ineficiencias que afectan a proyectos grandes, pequeños y medianos. Resolverlas y lograr un enfoque pro-crecimiento requiere una gobernanza más integrada y el uso eficiente de herramientas para el seguimiento, fiscalización y trazabilidad.
El cuarto eje tiene que ver con la minería y los territorios. Urge impulsar una política de desarrollo territorial que articule inversión, empleo local, formación de capital humano, proveedores regionales y diálogo temprano con comunidades. La minería tiene un fuerte atributo de descentralización, y por eso es clave que pueda integrarse a las metas de desarrollo de las regiones donde opera.
En esta línea, una quinta prioridad es el fortalecimiento del capital humano y la educación minera. La industria enfrenta un déficit de técnicos y profesionales especializados, justo cuando más se requieren competencias para la automatización y digitalización de los procesos productivos. Un gobierno que aspire a una minería competitiva debiera apostar por la educación técnico-profesional, la articulación con liceos, centros de formación técnica y universidades, además de la formación continua de los trabajadores. La premisa de fondo es que sin personas capacitadas, no hay innovación posible.
Un sexto ámbito tiene que ver con la innovación, la tecnología y la productividad. Chile no puede conformarse únicamente con el rol de proveedor de materias primas. La minería del futuro será intensiva en datos, inteligencia artificial, robótica, eficiencia hídrica y energética. Si no se alinean los instrumentos públicos, incentivos tributarios y alianzas público-privadas para acelerar la adopción tecnológica, será más difícil posicionar al país como un polo de innovación minera a nivel latinoamericano y global.
El cambio de gobierno es una analogía de la hoja en blanco en el desafío de reconstruir el relato público de la minería. Esta es una industria que está presente en los hospitales, en las energías renovables, en la electromovilidad, en la infraestructura que sostiene la vida moderna y en mucho más. Explicar esa conexión es parte esencial del liderazgo político, junto con resaltar los avances en sostenibilidad, seguridad, inclusión femenina, economía circular y aporte al bienestar cotidiano.
Chile necesita volver a crecer y la minería es una de las palancas centrales para lograrlo. En los próximos meses tenemos la responsabilidad (y al mismo tiempo la oportunidad), de reordenar prioridades, recuperar confianzas y proyectar una minería que combine competitividad, responsabilidad y sentido de futuro.
*El autor es past president y director de la Fundación Minera de Chile.
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