Los enfoques agénticos están diseñados para complementar a los equipos humanos, reducir la carga cognitiva y acelerar la toma de decisiones.

La inteligencia artificial (IA) ya no es una promesa lejana: está transformando rápidamente el panorama empresarial global. Desde modelos de lenguaje avanzados hasta implementaciones a nivel corporativo, esta tecnología está expandiendo los límites de lo que las máquinas pueden hacer. Ahora está surgiendo una nueva fase de la IA: la IA agéntica.

Estos sistemas están diseñados no solo para asistir a los humanos, sino también para operar de forma autónoma. La IA agéntica demuestra un comportamiento similar al del ser humano, incluyendo las capacidades de iniciar tareas, aprender y mejorar continuamente, tomar decisiones informadas, diseñar y ejecutar estrategias basadas en el contexto y generar resultados.

A medida que las organizaciones —desde instituciones financieras hasta proveedores de salud— dependen de entornos digitales cada vez más complejos, la capacidad de coordinar agentes inteligentes y autónomos se está convirtiendo rápidamente en una necesidad estratégica.

En un mundo acelerado y con recursos limitados, los líderes enfrentan la presión de tomar decisiones más inteligentes y rápidas, a menudo ante una creciente complejidad e incertidumbre. La automatización tradicional simplemente no puede seguir el ritmo. 

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La IA agéntica introduce un nuevo paradigma: agentes inteligentes que actúan como compañeros digitales. Estos agentes aprenden tanto de la máquina como del aporte humano, responden a condiciones cambiantes y ejecutan tareas en toda la organización. A diferencia de las soluciones de IA limitada, los enfoques agénticos están diseñados para complementar a los equipos humanos, reducir la carga cognitiva y acelerar la toma de decisiones. Es por ello que la adopción de IA agéntica no es solo una cuestión tecnológica, sino también un reto estratégico y cultural. 

Según el Kyndryl Readiness Report, aunque las organizaciones han incrementado sus inversiones en IA en un 33% durante el último año, la mayoría sigue atrapada en la fase de experimentación, con proyectos que se estancan tras la prueba de concepto. Las barreras más críticas incluyen la complejidad de los entornos tecnológicos, la dificultad para integrar sistemas heredados y las preocupaciones regulatorias, que afectan tanto la escalabilidad como el retorno de inversión. 

Además, el 61% de los líderes reconoce una presión creciente para demostrar resultados tangibles, lo que intensifica la urgencia de alinear los equipos de negocio y de tecnología en torno a una visión clara y compartida. No se trata solo de eficiencia: se trata de impulsar resultados significativos. Esto incluye mejorar la agilidad, la resiliencia y el time-to-value en las operaciones críticas. Y dado que son explicables, escalables y evolucionan dinámicamente, no representan solo un cambio tecnológico, sino también un imperativo estratégico.

*La autora es gerente general de Kyndryl Chile.

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