Para que la tecnología sea realmente un motor de crecimiento económico y desarrollo social, no basta con modernizar procesos dentro de las empresas o del Estado.

Uno de los principales desafíos del próximo gobierno será la construcción de una estrategia conjunta entre el sector privado y el Estado frente a la irrupción tecnológica y los cambios del mercado del trabajo, ocasión donde los ministerios del Trabajo y de Educación deberán cumplir un rol decisivo para impulsar políticas que fortalezcan las capacidades que el mercado laboral actualmente exige.

La irrupción de las tecnologías digitales y las plataformas de trabajo no solo ha transformado la forma en que trabajamos, sino también han generado un impacto en la ocupación laboral. La tasa de desocupación nacional fue del 8,5% en el trimestre julio-septiembre de 2025, mientras que la tasa de ocupación informal llegó al 26,2% en el mismo trimestre (INE). Según la OIT, el 60% de quienes trabajan en plataformas digitales lo hacen sin contrato ni protección social. Con la expansión de la inteligencia artificial en los procesos de trabajo, estas cifras probablemente aumentarán en ausencia de regulación, formación y adaptación. Para mejorar esta realidad, un paso clave será regular las nuevas formas de empleo en la economía digital. 

La legislación laboral chilena todavía descansa sobre la figura clásica del empleador y la relación de subordinación y dependencia definida en el artículo 7 del Código del Trabajo. Esa lógica, sin embargo, se vuelve insuficiente frente al trabajo en plataformas digitales, donde la relación laboral se diluye: no hay un jefe visible, los horarios son difusos y son los algoritmos -no las personas- quienes asignan tareas, miden desempeño e incluso pueden bloquear al trabajador. Este diseño facilita que las plataformas eviten el reconocimiento de vínculos laborales y, como resultado, la mayoría de estas personas sean clasificadas como “independientes”, con una protección mínima y sin acceso efectivo a derechos como descanso, seguridad social o indemnizaciones legales.

Ahora bien, la problemática actual -y la que se avecina- no se resolverá únicamente con cambios legislativos. Hay transformaciones que deben impulsarse desde el Ejecutivo con el actual marco regulatorio, especialmente en temas de educación y capacitación. Para que la tecnología sea realmente un motor de crecimiento económico y desarrollo social, no basta con modernizar procesos dentro de las empresas o del Estado. Se necesita un sistema educativo y de capacitación que forme habilidades coherentes con el mundo del trabajo digital. Un país que no prepara a su gente para entender, usar y crear tecnología, inevitablemente produce trabajadores desplazados o precarizados.

El pensamiento computacional (“computational thinking”) podría ser el camino para avanzar. Este concepto se refiere a la capacidad de plantear problemas y diseñar soluciones que puedan ser ejecutadas por personas o máquinas. Incluye habilidades como organizar y analizar datos lógicamente. Un estudio chileno reciente de González-Pizarro, López, Vásquez y Castro (2024), realizado a más de 500 estudiantes que ingresaron a carreras de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (STEM), confirma la importancia de esta habilidad, para enfrentar con éxito estudios y trabajos asociados a ciencia, tecnología e innovación.

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El hallazgo refuerza la idea que, para adaptarnos a la inteligencia artificial y a las nuevas formas de trabajo, se debe enseñar a pensar computacionalmente desde etapas tempranas. No se trata solo de aprender a programar, sino de incorporar una forma de razonar que permita a las personas entender, usar y crear tecnología. De lo contrario, las brechas educativas se transformarán inevitablemente en brechas laborales, y finalmente pasarán a ser brechas sociales.

En el corto y mediano plazo, la capacitación es la herramienta más eficaz para enfrentar esta transición. El SENCE ha impulsado avances importantes -como el programa Talento Digital y los programas para PYMES, donde se concentran la mayoría de los trabajadores formales-, pero aún podrían no ser suficientes, ante la velocidad de los cambios que estamos experimentando. Se requiere un proyecto país que no solo reaccione ante los efectos de la irrupción de las nuevas tecnologías, sino que asuma la oportunidad para desarrollar nuevas habilidades en nuestra fuerza laboral, poniendo al ser humano, en el centro del crecimiento.

*El autor es Director área Laboral y Nuevas Tecnologías de Mendoza, Luksic y Valencia

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