Hoy para integrar un directorio no basta con tener experiencia o especialización técnica. Se necesita una visión sistémica.

Hace algunos años, cuando se quería nombrar a un miembro de directorio, las empresas en Chile -y en buena parte de la región- solían enfocarse casi exclusivamente en la trayectoria profesional o en la expertise en un área específica de la persona, como finanzas, gestión de riesgos o derecho corporativo. Sin embargo, hoy, el escenario ha cambiado radicalmente. La entrada en vigencia de la Ley de Delitos Económicos en el país nos recuerda que ser director o directora va mucho más allá del cumplimiento formal o los resultados operativos.

Ser parte de un directorio siempre ha implicado una responsabilidad integral sobre la empresa. Pero ahora, no solo se espera de buena fe: la legislación exige una gestión activa y diligente en múltiples ámbitos. El (la) director(a) debe involucrarse profundamente en áreas tan diversas como la gestión de talento, políticas ambientales, diversidad e inclusión, estrategia de sostenibilidad, ciberseguridad, cumplimiento tributario, entre otras, y debe de poder mostrarlo.

La diferencia es que hoy esta obligación no es solo moral o reputacional, sino también legal. La nueva Ley de Delitos Económicos establece que los (las) directores(as) pueden ser objeto de sanción -con multas e incluso con presidio- si no cumplen su rol de manera efectiva. Se permite equivocarse, sí, pero será fundamental demostrar que se actuó con la diligencia y cuidado que exige la ley, y que cualquier error fue producto de una gestión razonable, no de negligencia o dolo.

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Entre los delitos que contempla la ley están la administración desleal, la corrupción entre privados, la entrega de información falsa en balances, los acuerdos abusivos y las infracciones a normativas ambientales. Esto significa que un director o directora, en caso de un delito ambiental, por ejemplo, no podrá alegar desconocimiento ni escudarse diciendo “yo solo veía el área financiera”. La responsabilidad es -y siempre lo ha sido- compartida, transversal y personal.

Este nuevo entorno regulatorio no es menor. Por lo tanto, la capacitación continua es más crucial que nunca. Hoy no basta con tener experiencia o especialización técnica. Se necesita una visión sistémica, habilidades para identificar riesgos en todas las áreas de operación y una comprensión profunda de las obligaciones legales y éticas. Los directorios que se actualicen y adopten una cultura de responsabilidad activa no solo reducirán sus riesgos legales, sino que también fortalecerán la sostenibilidad y el valor de sus compañías a largo plazo.

La nueva legislación no cambia el fondo de lo que siempre ha debido ser un buen gobierno corporativo. Solo vino a ponerle consecuencias más claras y a marcar un recordatorio de que liderar desde un directorio implica mucho más que cumplir: significa actuar con visión, compromiso y, sobre todo, con responsabilidad efectiva.

*La autora es directora de Legal & Business de Albagli Zaliasnik (az)

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