Si aceleramos esta transformación con reglas claras, colaboración entre sectores y foco en las personas, el impacto puede ser enorme.
Gracias a la pandemia, en Latinoamérica -y el mundo en general- avanzamos fuertemente en transformación digital. Transformaciones que podrían haber tomado años, se aceleraron a meses e incluso semanas. Muchas empresas comenzaron a hacer en digital lo que habían postergado por años. Reuniones por videollamada, compras en línea, servicios digitales en el Estado. Cosas que antes parecían futuristas se volvieron parte del día a día. Pero ese impulso no sostuvo su ritmo con el paso del tiempo. Esto nos plantea una pregunta urgente: ¿cómo volvemos a darle velocidad a esta transformación?
Hoy, la inteligencia artificial generativa es el motor que puede empujar esta nueva ola digital. Y no hablamos solo de robots o automatización: hablamos de sistemas que entienden nuestro lenguaje, redactan textos, analizan datos complejos y aprenden a ayudarnos en tiempo real. Por ejemplo, antes una empresa podía tardar semanas en hacer un estudio de mercado; hoy, un agente de IA puede recolectar la información, analizarla y entregarla en minutos. Así, los equipos humanos se enfocan en lo que realmente importa: tomar decisiones y comunicar con claridad.
En el último estudio de Technology Vision de Accenture, entrevistamos a los principales ejecutivos del país para conocer cómo están avanzando en la adopción de la inteligencia artificial y la IA generativa. Un 68% de ellos respondió creer que hay que reinventar completamente cómo funcionan hoy las empresas para aprovechar bien la IA. Y acá es donde encontramos unos de los mayores problemas en este tipo de transformaciones: muchas de estas se hacen a medias. Por ejemplo, aplicamos tecnología para cobrar más rápido, pero seguimos atendiendo al cliente con los mismos procesos lentos de siempre. Esa digitalización “por partes” no genera el valor que necesitamos. Y eso incluye cambiar cómo se trabaja, cómo se atiende y cómo se lidera.
Si aceleramos esta transformación con reglas claras, colaboración entre sectores y foco en las personas, el impacto puede ser enorme. No solo en Chile, si no a que a nivel regional. Podríamos mejorar el acceso a salud, educación y transporte. Convertirnos en referentes en ciberseguridad y atraer inversión global. Pero para eso, la regulación es clave. En Chile, por ejemplo, estamos avanzando y el proyecto de ley que regula el uso de sistemas de inteligencia artificial exige que respeten los derechos fundamentales y el medioambiente. Si no lo hacen, simplemente no se implementan. Así de claro.
El foco en las personas es un elemento clave porque no basta con tener buena tecnología. Hay que capacitar a las personas. Hoy las empresas están invirtiendo tres veces más en sistemas de IA que en preparar a sus equipos. ¿El resultado? Solo 70% de los trabajadores a nivel global dice sentirse capacitado para usar IA, mientras que más del 90% de los jefes cree que sí lo están. Ahí hay una desconexión peligrosa. Si no equipamos a las personas con habilidades digitales (reskilling y upskilling), nos vamos a quedar con herramientas potentes, pero sin pilotos que las sepan usar.
Retomemos el impulso que nos dio la pandemia y desarrollemos una estrategia de IA ética, con las personas al centro y con visión de largo plazo. La semilla puede estar en el sector privado y luego podremos sembrar en todos los ámbitos de nuestra sociedad.
*El autor es presidente ejecutivo de Accenture Hispanoamérica
