La accesibilidad a agua potable sigue siendo un importante desafío en Chile, donde 1 millón de personas no dispone de este recurso.

La Semana Mundial del Agua, organizada por el Stockholm International Water Institute (SIWI), se ha convertido en un referente internacional. Cada agosto, este espacio marca la agenda global en torno al recurso hídrico, convocando a líderes, expertos y organizaciones para impulsar nuevas soluciones y enfoques. El prestigio de este evento es tal que el rey de Suecia entregará los reconocidos premios del sector en una ceremonia de relevancia comparable a la de los Nobel. Ese nivel de valoración debiera ser nuestra inspiración para relevar el cuidado, el acceso y la gestión del agua, a la primera línea de nuestras prioridades.

Dentro del itinerario del evento, destaca el trabajo del Rural Water Supply Network (RWSN), que aborda desafíos de accesibilidad en áreas rurales, compartiendo experiencias y soluciones concretas para comunidades alejadas. Este tema resuena directamente con la realidad chilena, considerando que la población más afectada está fuera del radio urbano, donde de acuerdo a la última radiografía del sector, realizada por nuestra Fundación (Estudio Pobres de Agua, 2019) el 47,2% —cerca de un millón de personas— no tiene acceso formal a agua potable. De este universo, el 85% sólo puede obtener el recurso desde pozos, vertientes u otras fuentes que no han sido tratadas de acuerdo a la normativa NCh 409, que regula su calidad para el consumo humano. El 15% restante, depende de camiones aljibe.

El déficit de infraestructura es un factor clave, fundamentalmente en el sur de Chile: mientras que las zonas rurales concentradas alcanzan una cobertura del 100%, las semi concentradas solo llegan al 48%, según cifras de la Dirección de Obras Hidráulicas. Sabemos -y valoramos- que existe un plan de inversión que busca avanzar en el cierre de esta brecha, diseñando y construyendo nuevos Servicios Sanitarios Rurales (SSR) donde más se necesita. Sin embargo, su implementación puede tomar años. En paralelo, aquellos SSR más antiguos van deteriorándose y, las comunidades a cargo de su administración, muchas veces se encuentran en situación de vulnerabilidad social y económica. 

Pero quienes se ven más afectadas, son aquellas personas que viven en zonas dispersas, donde la distancia y la baja densidad poblacional hacen inviable el modelo tradicional, careciendo completamente de un suministro adecuado. Es ahí donde radica el mayor desafío. Hemos demostrado que es posible avanzar, identificando tecnologías e innovaciones que se pueden adaptar con éxito a cada realidad local, como los sistemas de captación de agua lluvia. 

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No obstante, también sabemos que la innovación no siempre es sinónimo de alta tecnología. Conversando con Eric Harvey, director programático de WaterAid, supimos que en Uganda la fundación desarrolló un prototipo de tuberías de PVC para reemplazar conductos metálicos corroídos, mejorando la calidad del agua, reduciendo costos y simplificando las tareas de mantención. Sin duda, una manera inteligente y eficiente de escalar proyectos en territorios donde la carencia es tan profunda que ya no hablamos solo de problemas de acceso, sino de una falta estructural en todo el espectro WASH (Water, Sanitation and Hygiene).

Tanto en los lugares con los más altos estándares, como el caso sueco, hasta aquellos con la mayor vulnerabilidad, como Uganda, Kenia o Malawi, el agua es un bien esencial para la vida y un motor prioritario para el desarrollo local y global. 

Por eso, así como la World Water Week nos inspira y desafía, Chile debe aspirar a trabajar y colaborar con determinación y los más altos estándares. Valoramos las iniciativas impulsadas este mes en el país, como la Semana del Clima en Coquimbo, la Expo Agua y la creación de la bancada por el agua en el Senado, instancias que mantienen el tema en el centro de la agenda pública y que demuestran que el trabajo colaborativo y multisectorial es el camino para asegurar un futuro hídrico sostenible.

*La autora es Directora Ejecutiva de la Fundación Amulén

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