El IMCE de abril rompe la barrera de los 50 puntos y baja al terreno pesimista por primera vez en 2026, en medio de un escenario marcado por menor crecimiento, presiones inflacionarias y volatilidad global.
La confianza empresarial en Chile enciende señales de alerta. El Indicador Mensual de Confianza Empresarial (IMCE), elaborado por la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez junto a ICARE, cayó 1,11 puntos en abril y se ubicó en 49,26, cruzando por primera vez en el año el umbral que separa el optimismo del pesimismo.
El deterioro no es solo un dato puntual, sino parte de un cambio de tendencia más amplio. Las expectativas económicas retrocedieron con fuerza hasta los 66 puntos, con una caída mensual de 12,3 puntos y un descenso acumulado de 18,2 puntos en doce meses. Un ajuste que, según el economista Pablo Pincheira, refleja “un cambio de escenario significativo respecto de fines del año pasado”.
Detrás de este giro aparecen factores tanto internos como externos. “Un entorno más adverso, caracterizado por débiles perspectivas de crecimiento, un aumento en las presiones inflacionarias y un escenario externo marcado por elevada volatilidad”, explica Pincheira, a lo que se suman estrecheces fiscales que complejizan aún más el panorama de corto plazo.
En paralelo, las expectativas de inflación a doce meses volvieron a tensionarse, subiendo a 4,2% en abril —por sobre el rango de tolerancia del Banco Central de Chile—, lo que refuerza la percepción de un ciclo económico más desafiante.
Brechas sectoriales
El panorama no es homogéneo. Mientras Comercio (53,7 puntos) y Minería (60,6 puntos) logran sostenerse en terreno optimista, aunque con señales de enfriamiento, otros sectores profundizan su rezago.
Construcción se mantiene como el eslabón más débil, con apenas 35,6 puntos, evidenciando el impacto de una demanda deprimida y condiciones financieras restrictivas. La Industria Manufacturera, en tanto, continúa en zona pesimista (47,2 puntos), presionada por altos niveles de inventarios y menor dinamismo en la demanda.
El contraste sectorial confirma una economía que avanza a distintas velocidades, pero con un denominador común: la creciente cautela empresarial frente a un entorno más incierto.

